Das deutsche Volk

  • Deutsch es “alemán” en la lengua alemana.
  • Dutch es “neerlandés” en la lengua inglesa.

¿Son lo mismo? Sí. Deutsch, Dutch, teutón y tedesco son la misma palabra, esto es, derivan de þeudiskaz (“del pueblo”, “popular”), forma adjetivada del vocablo protogermánico þeudō (“pueblo”, “nación”). “Das Deutsche Volk” es una redundancia etnocentrista, como si los latinos nos hubiésemos denominado “populus nationis” (pueblo de la nación) o los turcos se llamasen a sí mismos “halk milleti” (pueblo de la nación). ¿Adónde quiero ir a parar? Antes retengamos estos cinco conceptos, que serán de gran utilidad para el lector más adelante:

  • Etnónimo (nombre de etnia, p.e. “Türk” para los pueblos túrquicos), topónimo(nombre de lugar, p.e. el río Bosna, de donde derivan los términos bosniense, bosníaco y bosnio) y glotónimo (nombre de lengua, p.e. euskara, de donde deriva el término “euskaldun”, poseedor de la lengua vasca): como vemos hay pueblos que reciben su nombre del lugar que habitan, otros de la lengua que hablan, y otros de su propia etnia.
  • Endónimo o autónimo (nombre adoptado por el propio pueblo, p.e. “euskaldun”) y exónimo (nombre dado por otro pueblo extranjero, p.e. los valones, cuyo nombre deriva del germánico Walh, que era como los germanos denominaban a las tribus celtas y en general a los pueblos romanizados, y de donde derivan también los términos Welsh -galés- y valaco; de hecho los suizos germanófonos llaman Welschde manera despectiva a sus compatriotas hablantes de lenguas romances); hay pueblos que se han bautizado a sí mismos, y otros que han sido bautizados por pueblos extranjeros.

Deutsch, Dutch, teutón y tedesco son etnónimos endónimos, aunque los dos últimos sean versiones latinizadas de las voces germánicas antes mencionadas; “germano” y “alemán”, por el contrario, son términos imprecisos por las siguientes razones:

  • “Germano” en puridad no es un etnónimo, sino el adjetivo de un topónimo exónimo; los romanos llamaron “Germania” a aquellas tierras no romanizadas situadas más allá de la orilla oriental del Rin, y utilizaron el término “germani” para referirse inicialmente a todos los bárbaros que habitaban en esa zona, sin distinguir entre las tribus celtas y las propiamente germánicas.
  • “Alemán” procede de alemannus o alamannus, versiones latinizadas de una voz del germano antiguo que significaba “todos los hombres”; era utilizada por los romanos para denominar únicamente a una tribu germánica, cuyo etnónimo endónimo era “suevo” (hoy suabio).

El pensamiento moderno tiende a distinguir entre “germano” (Germane) y “alemán” (Deutscher), utilizando el primero para el conjunto de pueblos germánicos de la antigüedad y el segundo para los miembros de un grupo de pueblos germánicos más reducido que conformaron la nación alemana en la edad contemporánea. En efecto, ya los escritores alemanes del siglo XIX consideraban que los neerlandeses se habían distanciado demasiado y que no eran ya reconducibles al tronco común alemán. Más lejanos quedaban aún los ingleses o los suecos. La división de los pueblos germánicos desde la antigüedad hasta el presente obedecería grosso modo al siguiente esquema:

  • Irminones o germanos del Elba (suevos, bávaros, longobardos…).
  • Istaevones o germanos del Rin-Weser (neerlandeses, flamencos y demás hablantes de variantes del bajoalemán).
  • Ingaevones o germanos del Mar del Norte (los jutos, anglos y sajones que en su mayoría migraron a las Islas Británicas).
  • Germanos septentrionales (los daneses, feroeses, islandeses, noruegos y suecos en la actualidad).
  • Germanos orientales (godos, vándalos y burgundios, avanzaron por la Europa occidental y el norte de África pero acabaron diluidos y absorbidos por las poblaciones locales).

Tan germanos son los daneses y los suecos como los neerlandeses; y tan alemanes son los austriacos y los bávaros como los sajones de Transilvania. En realidad señalar qué pueblos germánicos no son alemanes resulta difícil. Como vimos al principio, los propios ingleses llaman Dutch a los neerlandeses y Germans sin más a los alemanes. Confuso cuanto menos. Es como preguntarnos por la diferencia entre lo latino y lo español. Los italianos son latinos pero no españoles, se distinguieron los unos de los otros mucho tiempo atrás; los portugueses son latinos, ¿pero españoles? Su diferenciación respecto del resto de la península ibérica es más reciente; y los catalanes, ¿son españoles? ¿En la misma medida que los portugueses? ¿Más? ¿Menos? ¿Qué es ser español dentro de lo latino? ¿Qué es ser alemán dentro de lo germano? Hemos de dar aquí cuatro apuntes: uno lingüístico, otro religioso, otro racial y otro último sobre civilización.

1. Lengua

En el Sacro Imperio Romano (llamado Sacrum Imperium Romanum Nationis Germanicæ desde 1474/1512) hubo un señor llamado Martín Lutero que al traducir la biblia del latín dignificó el alto alemán y subordinó al prestigio de éste las variantes del bajo y medio alemán; y ello de manera similar al toscano, la variante más culta y literaria de cuanto se hablaba en la península itálica del renacimiento, y que sirvió de base para la configuración del italiano contemporáneo una vez obrada la unificación italiana. En la península ibérica, por el contrario, la lengua castellana alcanza su edad dorada un siglo después que el catalán y el portugués (recordemos que la biblia fue traducida al valenciano antes que al castellano o al francés).

El momento en que las élites abandonaron el latín resulta decisivo, pues al optar por uno de los hablares del vulgo para catapultarlo a la categoría de lengua culta y literaria, estas élites asientan las bases para la delimitación de las naciones liberales dos siglos después. Así las ciudades de Bremen y Hamburgo sucumben al alto alemán del sur, mientras que las Provincias Unidas se aferran a su neerlandés (que es una variante del bajo alemán).

Hablamos de alto y bajo alemán, y no de alto y bajo germano, por cuestiones estrictamente lingüísticas: las variantes germánicas de Jutlandia, Escandinavia e Islas Británicas no sufrieron la primera mutación consonántica (Lautverschiebung) del antiguo alemán en los siglos IV-VIII; ahora bien, la segunda mutación consonántica, que se dio en la edad moderna, afectó únicamente al alto alemán.

2. Religión

Las guerras de religión y la aplicación final del principio cuius regio eius religio dio lugar a nuevas divisiones y escisiones entre pueblos anteriormente homogéneos; así, la diferencia fundamental entre neerlandeses y flamencos estriba en que sólo estos últimos siguieron siendo mayoritariamente católicos; en la Alemania actual los católicos han predominado en el sur y los luteranos en el norte, sin que ello haya condicionado la unidad alemana.

3. “Raza”

Hispania y la Galia han sido territorios claramente delimitados por la geografía (los Pirineos, los Alpes, el Rin…). No podemos decir lo mismo de la Germania. Para los romanos éste era un concepto de frontera, limitado en el oeste pero no en el este. ¿Dónde acababa la Germania? ¿En el Elba? ¿En el Vístula? Esta falta de definición ha traído problemas que nos han llegado hasta el siglo XX con la famosa idea del Lebensraum o espacio vital.

Los españoles somos un mejunje, un revoltijo de pueblos preindoeuropeos (íberos y vascones), indoeuropeos (celtas, romanos, germanos y alanos) y semitas (judíos, bereberes y árabes), si bien es verdad que visigodos y árabes eran minorías frente a la población hispanorromana. De hecho Hispania no devino en una Gotia, mientras que la Galia sí se transformó en Francia con los francos (germanos de la variante istaevónica). Los alemanes, por el contrario, han conservado su pureza racial, al menos desde una perspectiva conceptual, pues se llaman a sí mismos con el etnónimo Deutschen y a su país Deutschland (tierra de los alemanes), como los turcos se llaman a sí mismos con su etnónimo Türkler y a su tierra Türkiye o Türkistan (según empleen el sufijo árabe o persa respectivamente; que no posean un sufijo túrquico dice mucho de su origen nómada); otros pueblos, por el contrario, reciben su nombre del territorio en el que habitan (los españoles, de España; los italianos, de Italia; etc.) y no alrevés.

Esto es crucial para entender por qué en Francia, España e Italia triunfa la noción cívica de nación mientras que a la otra orilla del Rin los germanistas de la Asamblea de Fráncfort de 1846 tuvieron dificultades para aplicar los ideales liberales de la revolución francesa a su noción étnica de nación alemana.

4. Civilización

Pero si los alemanes cultivaron su concepto de raza (término por otra parte muy empleado en todos los círculos académicos de inicios del siglo XX, léase si no a Ortega y Gasset y a Unamuno) hasta bien entrado el siglo XX, es porque no han tenido la vocación de crear una nueva civilización como la china, la persa, la romana, la otomana o la hispánica en América. Y es que los germanos, lejos de crear en la edad media una civilización propia en la que fundirse con otros pueblos, asumieron desde un principio la civilización grecolatina (translatio imperii) y se sintieron herederos de la misma. Son esclavos de un topónimo exónimo latino, Germania, que responde a un concepto territorial indeterminado, sólo fronterizo, de la visión romana. No existe Germania sino Deutschland. Sólo los avatares de la historia han impedido que esa Deutschland no aunara a todos los pueblos germánicos.

En conclusión, puedo afirmar que desde un punto de vista etnográfico el Imperio Romano de Occidente todavía no ha caído. Sólo la Britannia, que nunca llegó a romanizarse plenamente, sí que sucumbió a las invasiones de los germanos ingaevónicos. Pero para la Galia y las penínsulas itálica e ibérica las invasiones bárbaras no son más que fábulas, una historia escrita por y sobre las élites que ningunea al resto de la población mayoritaria. En España la historiografía ha dado mucha importancia a los visigodos y suevos como fundamento de una Hispania cristiana en oposición a al-Ándalus. La relevancia histórica de los ostrogodos y de los longobardos, por el contrario, es mucho menor para los italianos. La Galia fue el territorio más germanizado (de hecho el francés es la lengua romance que más germanismos incorporó) pero el número de francos y burgundios fue tan minoritario frente a los galorromanos como el de visigodos para los hispanorromanos. La existencia del Imperio Carolingio no nos debe confundir: desde la antigüedad romana hasta nuestros días el Rin ha marcado una diferencia cultural aplastante.

germanenad50

 

ADDENDVM

Años después de que escribiera esta nota inicialmente en mi cuenta de Facebook, me hallo con este vídeo que trata precisamente de lo mismo.

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