Las indemnizaciones que Alemania aún debe a los griegos

El miedo a la palabra F (Friedensvertrag, Tratado de Paz)

El canciller Kohl hizo argucias para no tener que pagar indemnizaciones [de guerra] a los griegos. Hoy el Gobierno alemán no quiere saber nada de esto y rechaza todas las reclamaciones.

Cuando le preguntan al vicecanciller Sigmar Gabriel qué piensa sobre las indemnizaciones a Grecia, éste es seco [en su respuesta]. Rehúye mirar a la cámara y habla más bajo. Entonces Gabriel, que rompió [la relación] con su padre porque éste había sido un nazi, informa ahora sobre las víctimas de los nazis que [Grecia] llega demasiado tarde.

Había “una respuesta jurídicamente clara”, dijo a comienzos de febrero en una intervención por televisión. El Gobierno alemán considera que, desde hace al menos un cuarto de siglo, ya no se le debe nada a Grecia. “Todos estos temas fueron concluidos a más tardar con las negociaciones 2+4”, dijo Gabriel.

¿De veras?

Los políticos alemanes se muestran afectados cuando hablan de los crímenes [cometidos] en Grecia durante la segunda guerra mundial. El Presidente de la República Joachim Gauck lloró el año pasado en la aldea [griega] de Lingiades, donde la 1ª División de Montaña había asesinado a más de 80 mujeres, niños y ancianos en 1943. Pero tan pronto como los griegos reclaman reparaciones [de guerra], los representantes del Gobierno alemán reaccionan tan calladamente como ahora el Vicecanciller.

El papel del Gobierno alemán es sospechoso no obstante. El caso considerado jurídicamente no está claro, los griegos jamás han acudido al Tribunal Internacional de Justicia. Pero quien ha tratado la cuestión de las indemnizaciones [de guerra] históricamente no sólo entiende mejor por qué el nuevo gobierno griego trae a colación las reclamaciones con tanta vehemencia.

Reconoce también que el Gobierno alemán de 1990 hizo argucias para no tener que pagar nunca [indemnizaciones de guerra] a los griegos ni a otros adversarios. Eso muestran documentos del año de la revolución 1989/90, que el Spiegel ha analizado. El Canciller Helmut Kohl y el Ministro de Exteriores Hans-Dietrich Genscher lo hicieron todo para eludir las reclamaciones de indemnizaciones en las negociaciones sobre la unidad alemana. Mantuvieron alejados de la mesa de negociaciones a países como Grecia y retorcieron las redacciones hasta donde les convino.

Las reclamaciones griegas proceden, eso por lo menos es indiscutible, de enormes crímenes y devastaciones bajo la ocupación militar alemana. Al menos cien mil personas murieron en la hambruna de 1941/42, consecuencia del saqueo de las tierras por la Wehrmacht. Más de 50.000 judíos de Grecia fueron gaseados en Auschwitz, además de decenas de miles de civiles fusilados, colgados o quemados como medida expiatoria por los atentados de los partisanos.

El historiador Hagen Fleischer, máximo experto [en este asunto], señala que las pérdidas de los griegos fueron mayores que en cualquier otro territorio no esclavo. Hace balance de ello con esta frase: todos los grandes puentes de ferrocarriles volados, más de cien mil casas destruidas, casi todos los buques mercantes hundidos.

Benito Mussolini había atacado Grecia en 1940; Adolf Hitler tuvo que salir en su ayuda porque los griegos opusieron una resistencia tenaz. En adelante esto decantaría la guerra indirectamente en contra de los alemanes: a causa de las campañas de Grecia se retrasó la ofensiva de Hitler sobre la Unión Soviética; la Wehrmacht no recuperó este tiempo perdido y fracasó en ella – así [es] la versión griega – con su estrategia de “guerra relámpago” contra Moscú.

Los griegos esperaban una amplia indemnización tras el fin de la guerra por todo lo anterior. No había ni registro de la propiedad ni oficinas del catastro, pero aun así los daños fueron cuantificados. El Gobierno de Atenas exigió unos escasos catorce mil millones de dólares en concepto de indemnizaciones – más de lo que los Aliados habían previsto para la suma de todos los países occidentales. Bajo la presión de los EEUU los griegos redujeron sus pretensiones a la mitad. Aun así en vez de siete mil buenos millones [el Gobierno heleno] obtuvo, según sus propios informes, bienes e inversiones por valor de apenas veinticinco millones de dólares, mientras que las indemnizaciones de los británicos, los franceses y especialmente los soviéticos ascendieron a miles de millones.

En 1953, cuando Grecia suscribió el Acuerdo de Londres sobre la deuda [alemana] junto con el resto de países occidentales vencedores, quien dirigía la delegación alemana en las negociaciones, Hermann Josef Abs, prometió que todas las reclamaciones serían estudiadas cuando se lograse concluir un “tratado de paz o un acuerdo semejante”.

Ya entonces se trataba el préstamo sin intereses que el Banco de Grecia había tenido que conceder a la administración militar alemana en 1942 – y que, como ilícito de guerra, bien se puede justificar como reclamación de indemnizaciones. Hoy el reembolso de este crédito figura entre las principales demandas del primer ministro Alexis Tsipras.

Un ministro griego contó luego que el sucesor de Adenauer, Ludwig Erhard, le había prometido en 1965 que se devolvería el “empréstito forzoso” tan pronto como se obrase la reunificación definitivamente. Según la información del Gobierno alemán la declaración de Erhard no se encuentra en ningún documento oficial. Pero se corresponde con la lógica del Acuerdo de Londres sobre la deuda [alemana]; y cuando el Muro cayó en 1989, pronto volvieron a sentirse las reclamaciones de indemnizaciones entre la opinión pública griega.

Kohl y Genscher temieron entonces una conferencia de paz en la que los 53 adversarios de Alemania presentaran viejas facturas. [Kohl y Genscher] sabían que muchos alemanes y medios importantes – también el Spiegel – rechazaban las indemnizaciones. La pretensión de renunciar a[l pago de] las indemnizaciones “tendrá una amplia aprobación en este país”, apuntaban funcionarios del Canciller Kohl el 27 de febrero de 1990. Más claro, las indemnizaciones eran inaceptables.

Los alemanes habían perdido un cuarto de su territorio; habían hecho más que cualquier otro perdedor de una guerra en la historia moderna por el pago de sus indemnizaciones y reparaciones. Se perdía ocasionalmente de vista que sus crímenes tampoco tenían precedentes. Para impedir una solidarización de los antiguos adversarios, Genscher publicó en el Tempo: “la prisa es… necesaria, porque el número de Estados [con reclamaciones pendientes] que quieren tomar parte [en las negociaciones], seguirá aumentando. Por suerte para los alemanes las potencias vencedoras también preferían negociar sobre la unidad [alemana] en un círculo pequeño. Así establecieron británicos, estadounidenses, franceses y soviéticos con los gobiernos de la RFA y la RDA las negociaciones 2+4 en febrero de 1990.

Cuando el Ministro de Exteriores italiano Gianni De Michelis exigió su derecho de intervenir en una sesión de la OTAN, Genscher bufó: “You are not part of the game”, no eres parte de este juego. Los griegos escucharon lo mismo cuando quisieron alzar la voz, admite hoy un miembro de la delegación alemana de entonces.

Atenas y los otros adversarios pequeños pusieron sus esperanzas en las cuatro superpotencias vencedoras. No obstante, el Presidente de Francia, François Mitterrand, declaró que su país “no se veía afectado” por la cuestión de las indemnizaciones. George Bush padre, Presidente de los Estados Unidos, mostró comprensión cuando Kohl se quejó de que no se podía “empezar otra vez con las indemnizaciones cincuenta años después del fin de la guerra”. Y los británicos advirtieron al Canciller [alemán]: “quien quiera fortalecer a los neonazis sólo debe ceder en esta cuestión”.

Solos, los soviéticos mantuvieron activo el asunto de las indemnizaciones por su propio interés. Ellos querían dinero e insistían en un “tratado de paz” porque Bonn siempre había declarado que sólo renunciaría definitivamente a los territorios orientales en un documento de esa naturaleza.

Sin embargo, los alemanes eran conscientes de que se habían comprometido con los griegos y todos los demás a hablar sobre las indemnizaciones en un tratado de paz – así lo previó el Acuerdo de Londres sobre la deuda [alemana]. El Secretario de Estado Friedrich Voss declaró en una comisión del Consejo de Ministros que, fuera de consideraciones económicas, las indemnizaciones no suscitaban ningún interés. La solución consistió en llamar al tratado de paz de otra manera. “¿Cómo se mantiene eso para la misma cosa con otras palabras?”, preguntó un diplomático estadounidense a un colega alemán el 28 de febrero de 1990.

El Ministro de Exteriores [alemán] Genscher declaró a su homólogo soviético Eduard Schewardnadse que “un tratado de paz era un paso hacia atrás” y “una idea del pasado”, pero que desde luego había “cuestiones que debían resolverse definitivamente”. Sólo flexibilizó su posición cuando los soviéticos renunciaron a la palabra Friedensvertrag (tratado de paz).

Los alemanes tuvieron éxito en la segunda reunión de las delegaciones 2+4 el 30 de abril de 1990. Ya no se habló más de ningún tratado de paz, los diplomáticos se pusieron de acuerdo en la fórmula “reglamentación final de derecho internacional y sustitución del derecho y la responsabilidad de las cuatro potencias”.

En mayo de 1990 Moscú cedió definitivamente. El asunto de las indemnizaciones quedó eliminado, Finlandia y otros Estados renunciaron oficialmente a sus pretensiones. ¿Pero qué hizo Grecia?

Los griegos no habían dado señales de vida en este asunto, recuerda Dieter Kastrup, jefe de la delegación de Alemania Occidental en las negociaciones 2+4. Pero en abril de 1990 el Presidente del Gobierno griego Konstantinos Mitsotakis declaró en su patria que exigiría “compensaciones por las destrucciones y el préstamo”. Aunque no se dirigirió a nadie en Bonn.

Esto duró cinco años, hasta que la Embajada griega dirigió una nota verbal al Ministerio de Asuntos Exteriores [alemán] en la que trasladaba al Gobierno alemán una invitación para [iniciar] las negociaciones [sobre las indemnizaciones]. La rehusó. Así había “perdido su legitimidad la cuestión de las indemnizaciones” muchos años después del fin de la guerra.

Desde que entrara en vigor el Tratado, que no debía llamarse tratado de paz, los alemanes en adelante insistieron en que naturalmente se trataba de eso, de un tratado de paz.

Un dictamen confidencial de los servicios jurídicos del Bundestag alemán se aferró a que “Atenas debería haber presentado una protesta formal en 1990 para garantizar que sus pretensiones no se perdiesen en el futuro.”

Quizá el nuevo gobierno griego tire ahora de la Corte Internacional de Justicia en La Haya; aún se desconoce qué suma total reclama Tsipras. Atenas siempre podría manifestar que el Tratado 2+4 debe ser revisado porque contiene acuerdos en perjuicio de terceros, cosa que está prohibida.

El Gobierno alemán, por el contrario, confía en que el asunto se estructure en un proceso judicial y que se conozca el derecho de su parte. No obstante, debería renunciar al argumento reiteradamente alegado de que unas indemnizaciones después de tantos años no tienen precedente. Hasta hace poco Berlín contaba los intereses atrasados que resultaban de las indemnizaciones de la primera guerra mundial y cuyo vencimiento fue aplazado – hasta después de la reunificación. El último pago que hizo Alemania casi un siglo después del fin de la primera guerra mundial fue el 3 de octubre de 2010.

Klaus Wiegrefe, Der Spiegel 9/2015 (traducción mía).

En otras palabras, y por más que nuestros medios den la impresión contraria, la reclamación de las indemnizaciones de guerra no es un conejo que el Gobierno de Tsipras se haya sacado ahora de la chistera, sino un asunto que ha estado presente constantemente en la historia de la opinión pública griega. La historia la escriben los vencedores, y sólo los más poderosos cobran indemnizaciones de guerra cuando quieren.

 

Castellón de la Plana, 13 de marzo de 2015

 

ADDENDVM

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