Cambios en la política estadounidense

Son muchas las divisiones o cleavages que se entrecruzan en el electorado de cualquier país. A continuación aparecen algunas de las que se han superpuesto históricamente en los Estados Unidos. Las he expuesto de menos a más importantes:

  • Las contraposiciones territoriales del siglo XIX. El norte industrial y abolicionista frente al sur agrícola y esclavista, con el consiguiente juego de equilibrios en la incorporación de nuevos estados a partir del Compromiso de Misuri.
    Missuri
    Imagen 1: EEUU en 1819. El Compromiso de Misuri estableció la prohibición de la esclavitud en los territorios occidentales (color verde) situados al norte del paralelo 36º 30′, con excepción del estado de Misuri (amarillo); y la permitió al sur, en los estados que surgirían del Territorio de Arkansas (azul claro). [La imagen y esta misma descripción han sido tomadas de Wikipedia]
  • Las tensiones competenciales entre la Federación y los Estados. Se han apreciado en la última mitad del siglo XX a partir de las subvenciones condicionadas del Gobierno federal, los mandatos del Congreso a autoridades estatales y locales, la promulgación de prioridades federales o preemptions (disposiciones legales del Congreso que desplazan normas estatales) y la jurisprudencia federal en materia de derechos civiles (fin de la segregación racial, despenalización del aborto y reconocimiento del matrimonio homosexual).
  • El contraste entre las sociedades urbanas, más cosmopolitas y liberales, y las rurales, que son más cerradas y conservadoras [imagen 2]. Puliré más este contraste refiriéndome a la paulatina concentración geográfica de la riqueza únicamente en aquellas aglomeraciones urbanas (no todas) que mejor partido han sabido sacarle a la globalización [imagen 3].

    Population
    Imagen 2: elecciones presidenciales de 2012. El mapa muestra en tonos azules los condados donde más apoyos recibió el candidato demócrata, en tonos rojos aquellos otros condados que votaron masivamente por el candidato republicano, y en tonos morados aquellos donde el resultado estuvo más igualado. El relieve refleja la población de cada condado.
Megaregions
Imagen 3: megarregiones emergentes como consecuencia de la interdependencia de núcleos urbanos que pertenecen a jurisdicciones diferentes pero se hallan conectados por importantes redes de clusters industriales, ecosistemas, redes de transporte y otras infraestructuras
  • La composición multiétnica de la sociedad estadounidense. La llegada de inmigrantes italianos, irlandeses, alemanes, polacos, ingleses, franceses, noruegos, holandeses, y de un sinfín de procedencias euroasiáticas, contribuyó positivamente al relato del melting pot, mientras que la población negra soportó la segregación racial hasta fechas relativamente recientes y parece que muchos ven el fuerte crecimiento de la población hispana en los últimos tiempos como una seria amenaza para la hegemonía anglófona.

    2010
    Imagen 4: nacionalidad de ascendencia con más población por condados (2010).
  • Por último, pero quizá más importante, se encuentra la desigual distribución de la renta, esto es, el contraste de intereses entre pobres y ricos, la diferencia de clase, que no ha parado de acrecentarse en las últimas décadas. Efectivamente, en Estados Unidos el nivel de renta tiene un peso muy importante en el sentido del voto. Los cleavages anteriores reflejan asimismo diferencias importantes de renta: eran más ricos los Estados abolicionistas, son más ricos los blancos y más ricas las áreas urbanas de las megarregiones emergentes (por supuesto, también había pobres en el norte, ha habido siempre muchos blancos de clase baja y son muchos los urbanitas que viven en la miseria).

Dicho esto, ¿en qué apoyos electorales se han traducido estos cleavages? Todos sabemos que el sistema político estadounidense lo componen el Partido Republicano y el Partido Demócrata, y que traducidos a nuestras coordenadas ideológicas europeas, el republicano está mucho más escorado a la «derecha» que el demócrata. Pero esto ni es tan sencillo ni fue siempre así.

El Partido Demócrata, que nació de las luchas intestinas entre distintas facciones del Partido Demócrata-Republicano, fue fundado por Andrew Jackson en 1824, aunque no adoptó ese nombre oficial hasta veinte años más tarde. Su gran rival fue el Partido Whig, que se desintegró a raíz del cisma que le provocó la causa antiesclavista. Así, en 1854 el bando abolicionista de los whigs creó el Partido Republicano

Si bien es verdad que el Partido Demócrata también se vio dividido por la causa abolicionista, lo cierto es que tras la Guerra Civil estadounidense, y a lo largo de los siguientes cien años, los demócratas fueron más reacios al reconocimiento de los derechos de ciudadanía a la población negra, al matrimonio mixto y a terminar con la segregación racial. El Ku Klux Klan, de hecho, orbitó siempre en el entorno de los demócratas. Quizá los demócratas del norte, sin ser igual de racistas, anteponían la unidad del partido y preferían no perder el voto mayoritario en el sudeste de los Estados Unidos. Antes de la llegada de John Fitzgerald Kennedy esos Estados se habían teñido siempre del color azul de los demócratas en todas las elecciones presidenciales. Pero a partir de los años sesenta el Partido Demócrata cambió su estrategia hacia la población negra y apoyó la Ley de Derechos Civiles de 1964. Desde el viraje hacia la derecha que trajo Reagan a la política estadounidense en los ochenta, el candidato republicano a la presidencia ha vencido siempre en esos Estados sureños.

Por lo que se refiere a los cleavages económico y territorial, a lo largo del siglo XX se ha asociado al Partido Demócrata con la defensa de los intereses de las clases menos pudientes y quizá también al fortalecimiento del Gobierno federal frente a los Estados. Sólo en tiempos más recientes ha calado la idea de que los demócratas representan a las élites. Sea como fuere, lo cierto es que los votantes más pudientes llevan apoyando al candidato republicano desde los años cincuenta, y sin embargo los Estados más ricos suelen decantarse por el candidato demócrata. En otras palabras, los más adinerados votan republicano, pero el voto de la clase media difiere según el territorio (se decantan más por los demócratas en las dos costas, mientras que los republicanos reciben más apoyos en los Estados pobres).

Sin embargo, parece que en los últimos años se está produciendo una inversión, en el sentido de que el voto demócrata está creciendo más entre la clase alta, y aquí puede que entre en juego un cleavage que no habíamos mencionado antes: la edad. Así, las nuevas generaciones pertenecientes a la clase media-alta y alta estarían girando hacia el Partido Demócrata. Por el contrario, el candidato republicano Donald Trump estaría concentrando por primera vez más apoyos entre el voto anti-establishment procedente de la población blanca sin estudios superiores, máxime si tenemos en cuenta la derrota de Bernie Sanders. Me pregunto si este comportamiento es puntual o viene para perpetuarse. Al igual que el artículo que ha dado pie a que escriba esta nota, lanzo esta otra pregunta: ante unos apoyos electorales que provienen principalmente de la clase media-alta cosmopolita blanca, así como de las minorías étnicas de manera transversal, mas no del votante blanco de clase baja, ¿cómo reflejará el Partido Demócrata en su programa esa composición tan heterogénea de su electorado?

Democrats

Castellón de la Plana, 20 de julio de 2016.

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