El fin de nuestro mundo

Verstrynge se ha servido siempre del fenómeno migratorio para explicar la mutación del voto comunista francés de antaño a los apoyos que hoy recibe el partido de Le Pen, situación extrapolable a otros muchos países europeos donde la extrema derecha y el euroescepticismo, que van de la mano, reflejan el efecto más perverso de la globalización económica: la quiebra del estado del bienestar frente a la libre circulación de capitales.
Lo anterior puede utilizarse también, salvando las distancias, para explicar el fenómeno Trump que tanto sacude la política estadounidense este año. En los EUA no había muchos votantes socialistas (no al menos desde el inicio de la guerra fría) ni un estado del bienestar consolidado, pero sí pleno empleo, mucha movilidad social y un alto poder adquisitivo para buena parte de la población.
Estas tres cosas se han ido deteriorando en las últimas décadas: la liberalización económica y la deslocalización de una infinidad de industrias han supuesto la destrucción de millones de empleos bien remunerados, una merma en la capacidad de ahorro que el crédito barato no ha podido suplir (estallido de la burbuja inmobiliaria y crisis del sistema financiero), el declive de urbes enteras y el aumento de las desigualdades. En un país donde la política social se limita a programas asistenciales de poca monta, las minorías negra y latina son allí el equivalente de nuestros inmigrantes, pues se perciben como las únicas que se benefician de la escasa política de redistribución de la renta que hay en el país a costa de los impuestos de la clase media blanca (no viene necesariamente a cuento, pero el hecho de que el fascismo en Europa fuese ante todo un movimiento de la clase media, allá donde la había, ayuda a situar mejor las coordenadas mentales).
Uno puede limitarse a compartir y enumerar las burradas que suelta Donald Trump cada hora (los medios de comunicación no dan abasto), pero eso no ayuda a comprender cómo este personaje pudo imponerse en las primarias del Partido Republicano ni por qué tiene posibilidades reales de ganar las elecciones presidenciales de este otoño. Recordaré que George W. Bush fue reelegido con 62 millones de votos en 2004. Movido por el Tea Party y Sarah Palin (de los que ya nadie se acuerda), las tonterías que decía Bush no contrariaban los intereses del establishment. Trump es diferente: no es un fundamentalista religioso y la política comercial y exterior que defiende ante las cámaras asusta a las élites. Sin embargo, los medios han catapultado a Trump porque les resultaba mediáticamente muy rentable, igual que en España debemos a Intereconomía el salto de Pablo Iglesias a la política y, en última instancia, los parlamentarios que tiene hoy Podemos en las Cortes Generales.
En las últimas 24 horas he leído algunos artículos de análisis sobre la política estadounidense. A continuación recojo unos cuantos:
  • Silvia Ayuso (El País), La hora de los terceros candidatos: habla de cómo la baja talla política  de la candidata demócrata puede beneficiar a los candidatos del Partido Libertario y del Partido Verde y poner en riesgo la victoria de Hillary Clinton en Estados clave, sobre todo si atendemos al rechazo que ésta genera entre muchos de los antiguos seguidores de Bernie Sanders.
  • Vicenç Navarro, Lo que los medios de información no dicen sobre las elecciones en EEUU: se centra en las cuestiones sociales que están detrás del éxito que hasta ahora lleva cosechado Trump, a las que ya me he referido en los párrafos anteriores.
  • Roger Senserrich (Politikon), Las tres apuestas de Hillary Clinton: se refiere al intento arriesgado del ala más progresista del Partido Demócrata de virar el marco de la política estadounidense más hacia la izquierda, revirtiendo así el giro en sentido opuesto que hizo Reagan en los ochenta.
  • Roger Senserrich (Politikon), ¿Es Trump mala persona?: incide también en las cuestiones sociales que explican el ascenso de Trump pese a todas las polémicas que suscita.
  • E. J. Rodríguez (Jotdown), El fenómeno Donald Trump: un análisis: fue publicado meses atrás, todavía en tiempo de primarias, pero el contenido no ha perdido ni un ápice de vigencia. Alude, entre otras muchas cosas, al ninguneo con que Trump trata a los medios de comunicación de la derecha y otros soportes tradicionales de la maquinaria electoral republicana, y a su (no) estrategia de pasar olímpicamente del electorado moderado, lo que paradójicamente le está trayendo apoyos desde segmentos de la población que no solía ir a votar.
Castellón de la Plana, 11 de agosto de 2016.
Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s