¿Cómo combatimos el Daesh?

En esta nota recopilo algunos textos sobre el Daesh. Pertenecen a Alejandro Salamanca Rodríguez, una persona que posee una gran capacidad de análisis a la vez que una forma muy sencilla de escribir sobre temas complejos en los que se ha especializado cuando se dirige a sus contactos de Facebook. En uno de los textos añado un comentario mío con el enlace a un vídeo que aparentemente se opone a lo que dice mi amigo mas en realidad lo complementa.

¿Una intervención militar en las zonas controladas por Daesh?

Los terroristas de Daesh que actúan en Europa no han sido, en la mayoría de los casos, formados y entrenados en Siria, sino que se han “radicalizado” y han planeado los atentados aquí. Muchas de estas células estaban anteriormente asociadas a Al Qaeda (que no controlaba un territorio como hace Daesh), pero debido a la popularidad decreciente de los de Zawahiri han decidido asociarse a Daesh. En todo caso, no hay mucha coordinación entre las células, y no está del todo claro que Daesh haya sido capaz de financiar y sostener de forma prolongada a estas células.
En segundo lugar, una intervención militar en las zonas controladas por Daesh no solucionaría ningún problema. Ni para los habitantes de esas zonas, que parecen no importar mucho (como no importaban los afganos ni los iraquíes), ni para Occidente asustada de los terroristas. Acabar con Daesh no acabará con el terrorismo fundamentalista, como el propio surgimiento del grupo demuestra. Precisamente los vacíos de poder y los conflictos bélicos propician el surgimiento de grupos populistas de toda índole. Daesh aprovecha 1) el sentimiento antioccidental a raíz de la ocupación de Iraq; y 2) el resentimiento de la población rural contra los chiíes de las zonas ricas y urbanas. Si Daesh consigue hacerse tan fácil con Iraq es porque el gobierno de Maleki era incapaz de mantener el orden, como demuestra la revuelta de 2009 en la provincia de Ambar.
Acabar con Daesh militarmente no aseguraría que no volviese a surgir una organización similar para ocupar su lugar. Limitar el problema a Daesh es una forma reduccionista e ignorante de analizar los últimos 10 años en Irak y Siria. Una ocupación terrestre alienaría aún más a la población local y daría alas a Daesh y grupos similares. Además, los nuevos gobiernos surgidos de la ocupación tendrían el problema de tener que proteger los intereses de las potencias ocupantes. El verdadero problema surge aquí, puesto que Rusia (e Irán) quieren mantener el régimen de Al Assad a toda costa, mientras que Occidente y sus amigos quieren acabar con él.
El único recurso estratégico que hay en las zonas controladas por Daesh es el oleoducto Irak-Siria, que se encuentra fuera de circulación desde hace unos cuantos años. El resto del terreno es fundamentalmente desierto y tierras yermas y áridas. Es decir, que los costes de la intervención serían altísimos y la población civil (empobrecida y que lleva sufriendo 4 años de guerra -en Siria- y 12 años de inestabilidad -en Irak-) no se beneficiaría de ello en absoluto.
El conflicto aquí no es “terroristas contra mundo libre” sino un enorme berenjenal geopolítico, en el que Daesh es el tonto útil tanto para los partidarios de Al Assad como para sus detractores. Assad quiere conservar el poder, Rusia la base de Tartus (su única base naval fuera de Rusia y única salida directa al Mediterráneo), e Irán la influencia regional que ha ido construyendo pacientemente en los últimos 20 años. La OTAN y sus aliados, por otro lado, parecen decididos a derribar a Al Assad, pero no está muy claro por quién lo quieren sustituir. EEUU y Arabia Saudí han apoyado al Ejército Sirio Libre, que colabora con Al Nusra (filial de Al Qaeda en Siria; Al Qaeda, como sabemos, es enemigo jurado de EEUU y Arabia Saudí). La UE ha apoyado a los kurdos, lo cual ha causado problemas con Turquía, que sospecha que el PKK no utilizará las armas europeas para luchar contra Daesh (el “problema” de los refugiados llegando a Europa empieza allí).
Otros países como Qatar han apoyado a los Hermanos Musulmanes, también islamistas pero enemigos incondicionales de Daesh y Al Qaeda). Es decir, que hay centenares de grupos enfrentados, y apoyados por distintas potencias con intereses contrapuestos. ¿A quién apoyaríamos, a quién daríamos el control en caso de invasión? ¿Nos involucraríamos -más- contra al Assad, o intentaríamos garantizar el statu quo y una salida negociada al conflicto? Estas cuestiones son ignoradas por la prensa y los que hacen sonar los tambores de guerra.
La situación, por tanto, es bastante caótica y compleja. Pensar que bombardeando e invadiendo solucionaremos los problemas es de una ingenuidad y una ignorancia pasmosas. De hecho, es posible que compliquemos las cosas, pues el delicado equilibrio geopolítico de la zona podría verse alterado, y las consecuencias serían imprevisibles (el tema con Rusia ya está muy calentito en Ucrania). Por supuesto, Rusia está muy debilitada económicamente (han devaluado su moneda hace poco) y su poderío militar no es nada en comparación con el de la OTAN, pero precisamente por eso podrían recurrir a soluciones drásticas que podrían desencadenar un conflicto sin precedentes en el último medio siglo.
Todos estamos asustados y queremos venganza por lo de París, pero hay que pararse dos veces antes de agitar la bandera del militarismo y los bombardeos indiscriminados. Hay muchas más cosas en juego aquí, y la salida más razonable pasaría por la negociación diplomática y el diálogo (con Rusia, al-Assad, Arabia Saudí, Turquía… todas las partes menos Daesh, claro). Tirar bombas a mansalva no devolverá el equilibrio a Oriente Medio.
A veces conviene analizar la realidad en más de 140 caracteres. Desde la comunidad académica especializada en la región, las voces partidarias de una intervención militar son escasas. Y no es porque seamos jipis progres buenistas, sino porque conocemos la complejidad de la situación.
En España después del 11M la policía actuó dentro de los límites del Estado de Derecho, desarticulando células terroristas y previniendo futuros ataques. Esa parece ser la salida lógica y coherente, no bombardear un país extranjero del que casi nadie sabe nada.
¿Arabia Saudí y Qatar financian el Daesh?
1 – Que particulares de esos países envíen donaciones a la organización terrorista no implica que esos Estados financien y armen a ese grupo terrorista.
2 – Ambos países mantienen una estrecha alianza con los EEUU, al que venden petróleo y compran equipamiento militar y policial. El ejército americano ha estado en Arabia Saudí hasta 2003, y puede volver en caso de necesidad. Financiar a Daesh sería tirarse piedras contra su propio tejado.
3 – Es cierto que Arabia Saudí financia y sostiene mezquitas salafistas (o wahhabis). Pero el salafismo de Arabia Saudí es del tipo quietista, conservador, de los que no se meten en política ni hacen atentados. La estabilidad de la monarquía depende de ello. Ni a Arabia Saudí ni a Qatar les interesa tener un vecino que se autoproclama califato y único estado verdaderamente islámico. De hecho, la oposición más dura que ha habido en el reino de Saud (Sahwa Islamiyya) es de corte salafista militante.
Sin duda, Arabia Saudí y las monarquías del Golfo son países dictatoriales, horribles, donde apenas existen derechos y libertades, donde se ejecuta a traficantes de drogas y homosexuales, y donde la vida es un infierno para millares de personas. Pero NO apoyan a Daesh, porque iría en contra de sus objetivos estratégicos.
Así que siento decepcionar pero no, las monarquías del Golfo no están detrás de Daesh. Precisamente por eso tiene tanto éxito y es tan peligrosos. Porque es un movimiento revolucionario contra los gobiernos de la zona, además de Occidente y el resto del mundo.
El islamismo, amigos, es un fenómeno complejo y caleidoscópico, dividido en infinidad de tendencias, unas más violentas y totalitarias que otras. Es comprensible que busquemos explicaciones sencillas, pero no debemos incurrir en generalizaciones burdas, simplonas y facilonas, porque hacen que seamos más fáciles de manipular.
  • Comentario de Carlos García Muñoz: Ni un extremo ni el otro. Yo creo que debes matizar más. “Estar detrás”, “tirarse piedras contra su propio tejado” y “en contra de sus objetivos estratégicos” son términos igualmente vagos, así dichos sin más. Por “estar detrás” y “financiar” se puede entender desde que el Daesh sea una marioneta (lo que criticas) a que el Daesh haya sacado provecho de los objetivos e intereses de una serie de actores internacionales contrapuestos entre sí.
  • Réplica de Alejandro Salamanca Rodríguez: ¿Matizar? ¡Pero si está clarísimo!
    Otra cosa es que se haga la vista gorda ante las donaciones o se intente utilizar a los terroristas para perseguir determinados fines geopolíticos (está muy bien debilitar a Siria y meter miedo a Irán). Arabia Saudí, como estado, ha metido dinero para el Ejército Sirio Libre, ese que también financiamos desde Europa. Y Qatar ha facilitado las actividades de los Hermanos Musulmanes en Siria. [Qatar y Arabia Saudí se llevan regular, por cierto]. Lo que no es normal es lo que se está escribiendo en algunos medios, que no tiene lógica ni fundamento. Un estado aliado de EEUU no va a financiar a una organización enemiga de los países de la OTAN. Así de sencillo.
  • Contrarréplica de Carlos García Muñoz: ¿Ves? Ya has matizado. 🙂 [Por cierto, muy interesantes las intervenciones de Javier Nart en este vídeo:] https://www.youtube.com/watch?v=RwL…

¿Una guerra contra quién?

Con el discurso belicista de los últimos días da bastante miedo y pena leer los periódicos y ver las noticias. Estamos en guerra, dicen en El País. Y se quedan tan anchos. ¿Cómo que estamos en guerra? ¿Contra quién? ¿Contra qué? ¿Quién es el enemigo? ¿Los musulmanes? ¿Los islamistas? ¿Los terroristas? Da igual. Europa clama sangre y venganza. Hay que matar a los que nos matan. Aunque no sabemos muy bien quiénes son y por qué lo hacen, lo único que parece claro es que hay que matar e invadir a los que no son como nosotros, que viene a ser casi todo lo que Europa ha estado haciendo fuera de sus fronteras en los últimos cinco siglos.

 

Por desgracia las guerras las sufren otros. Nuestro entusiasmo bélico pasa al cabo de los meses, pero entre tanto muchos millares de personas más sufren algo que no han causado. A veces hay que mirar al pasado próximo y hacerse preguntas. ¿Mejoró la situación de Afganistán después de 2001? La respuesta incómoda es NO, pero los muertos americanos, parece, quedaron vengados. Los afganos siguen padeciendo hambre, muerte, enfermedades, injusticia social, leyes draconianas, un gobierno despótico y autoritario. Pero al menos es un régimen “amigo”, con lo que parece que la justicia universal que clamaban las víctimas del 11-S quedó satisfecha. ¿Han mejorado las cosas en Libia? ¿En Irak?

Bernard-Henry Levi escribe en El País, “La alternativa ante la situación está clara: si no hay tropas en su terreno tendremos más sangre en el nuestro.” ¿Cuál es, exactamente, su terreno? Daesh son unos 50-100.000 tíos que han ocupado las provincias más pobres y desérticas de dos Estados en teoría soberanos, Siria e Irak. “Su terreno”, por tanto, es el de dos naciones que no tienen recursos militares para asegurarse el monopolio de la violencia y que precisan de apoyo exterior.

En Siria, por un lado, gobierna un régimen criminal (y socialista panárabe y laico y todo eso) apoyado por Rusia e Irán. Desde el año 2011 una multitud de grupos con poca coherencia combaten contra él en una guerra civil con cuatro frentes. Uno de los bandos es Daesh, que se caracteriza por atacar a todos los grupos por igual. Otro de los bandos es la denominada “oposición siria”, integrada por el famoso “Ejército Sirio Libre”, al que los occidentales damos armas y asistencia; y el frente Al-Nusra, filial siria de Al-Qaeda. [Sí, estamos dando armas a los aliados de Al Qaeda porque luchan contra Al Assad y Daesh]. El último frente son los kurdos del brazo sirio del PKK, que han sido apoyados por la UE, para desmayo del gobierno turco. Desde 2011 los cuatro bandos luchan entre sí. Los “malos malísimos”, Daesh, controlan el terreno más árido y marginal de Siria.

En Irak nos encontramos un estado medio fallido, que ha sufrido largas y duras guerras en los últimos 35 años, desde que Sadam Hussein decició atacar el Irán revolucionario con la ayuda de Occidente y la URSS en 1980. La guerra duró hasta el ‘88; poco más tarde el dictador iraquí (socialista, laico y panárabe para más señas), trató de salvar los muebles ocupando Kuwait dos años más tarde. El resto ya nos lo sabemos. Hussein, entre otras cosas, se encargó de silenciar, asesinar o exiliar a la poquita oposición que había, así que no debería sorprendernos que un país devastado por la guerra y ocupado por la OTAN haya sido incapaz de formar un gobierno fuerte y sólido. Los gobiernos post-2003 han sido principalmente chiíes [Iraq tiene un importante sector de población chií y numeroros santuarios y lugares sagrados como Nayaf y Kerbala]. Esto no debería sorprendernos pues los chiíes iraquíes suelen ser urbanos y tienen más recursos y poder que los suníes, habitualmente rurales. Daesh, precisamente, se hizo fuerte en la parte occidental del país, agreste y escasamente urbanizada. Algunas de las tribus beduinas, armadas por Sadam Hussein y después de 2003 por la OTAN, han decidido apoyar tácticamente a Daesh a la espera de que alguien ofrezca mejores condiciones.

Es decir, que el “terreno” del mal llamado Estado Islámico son zonas rurales, desérticas, con una población empobrecida que sufre un gobierno autoritario y arbitrario cuyo único recurso valioso es el control del oleoducto Iraq-Siria, cerrado y suspendido desde el inicio de la guerra civil siria. Eso es lo único que Occidente puede ganar en una intervención militar. Es una pieza jugosa, sin duda, pero no desmantelará ni acabará con el terrorismo yihadista.

La pregunta que los europeos deberíamos hacernos no es por tanto, “¿Dónde están?” ni “¿quiénes son?” sino “¿qué es lo que quieren?” y “¿por qué tienen éxito?”. Sabemos que Daesh se financia con petróleo, drogas y expolios artísticos. Sabemos que han aprovechado muy hábilmente la situación en Siria e Iraq para obtener armas y suministros. Y eso es todo, en realidad. No leeréis en la prensa ni un solo análisis de literatura del Estado Islámico, no encontraréis nada de información sobre sus ideales y objetivos, más allá de un vago “nos odian y quieren destruir todo lo que Occidente representa”. No es posible entender así por qué la gente va a Siria a unirse a la yihad. Qué imagen está vendiendo Daesh, y cómo la paranoia de la prensa occidental y la censura de internet está convirtiéndolos en leyenda. Es fundamental que comprendamos que el “Estado Islámico” no solo se basa en el miedo, sino en una imagen de heroísmo, justicia social y la épica de la clandestinidad.

Para todos aquellos interesados en los motivos, intenciones y estrategias de propaganda de Daesh, os dejo aquí una interesante pieza que ha coescrito uno de mis profesores en Edimburgo. Se trata del análisis de los blogs de una luchadora siria en el Estado Islámico, y cómo la yihad evoca imágenes de liberación y realización personal en los corazones de muchos jóvenes antiimperialistas: https://www.academia.edu/18231635/_…

La imagen la añade Carlos García Muñoz y corresponde al siguiente artículo de The Economist: http://www.economist.com/blogs/graphicdetail/2015/04/daily-chart-0?fsrc=scn%2Ffb%2Fte%2Fbl%2Fed%2Fthemiddleeasternmesh
Santiago de Chile, 29 de noviembre de 2015.
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