Historia reciente de un país sui generis

Los turcos vivieron anoche una intentona golpista. Hablar hoy de golpe de estado en la periferia de la Unión Europea se hace extraño. Se me antojaba una categoría del pasado, anacrónica e impropia para este presente nuestro de hashtags y finanza digital. Pero Turquía es un país harto especial, un rompecabezas sin parangón entre sus vecinos. Os contaré por qué.

Turquía, Türkiye: los “francos” la venimos llamando así por lo menos desde el siglo XIII, pero los turcos no se reconocen bajo ese término sino hasta comienzos de los años veinte, cuando su país se salvó de la ocupación extranjera y cambió los ropajes otomanos por los europeos. El artífice de todo ello fue Mustafa Kemal, que en los años treinta adoptó el apellido Atatürk. La República de Turquía no ha sufrido guerra alguna desde que fue reconocida por las potencias occidentales en 1923. Y es un régimen multipartidista desde 1945, con la salvedad de los tres años de represión que vivió el país tras el golpe militar de 1980 y la tutela militar de comienzos de los setenta. Por aquel entonces arrancó también el conflicto con el Partido de los Trabajadores de Kurdistán.

No haré ninguna cronología de la historia reciente del país. Me limitaré a exponer, de manera diacrónica, las dos Turquías que se han enfrentado entre sí los últimos setenta años. Obvio así tanto la extrema derecha como la extrema izquierda, que también han tenido su importancia desestabilizadora, sobre todo en los años setenta.

  • Por un lado está la Anatolia profunda, la de los campesinos que en la segunda mitad del siglo XX emigraron de las áreas rurales para vivir en las gecekondu o chabolas de las grandes urbes, llevando consigo un sentimiento doblemente emprendedor y religioso. Es la Turquía de los comerciantes y los técnicos profesionales que admira a los hombres de negocios hechos a sí mismos sin la ayuda del Estado, quizá similar a la cultura española del pelotazo que protagonizaron personajes como Mario Conde, Ruiz Mateos o Jesús Gil. Esta Turquía es a su vez la de las cofradías y las cemaat o comunidades religiosas que habían sobrevivido a las primeras décadas del régimen kemalista y resurgieron con fuerza a partir de los años sesenta (esta forma de religiosidad popular vinculada a la esfera de los negocios es una peculiaridad constante en la historia de Anatolia que se remonta al siglo XII, cuando los gremios de artesanos y las hermandades ahi eran una misma cosa en el sultanato de Rum). Muchos académicos hablan así del calvinismo islámico turco en el presente. Adnan Menderes y Süleyman Demirel primero desde una vertiente estrictamente liberal, y más tarde Necmettin Erbakan y Turgut Özal con un sesgo marcadamente más islamista, fueron figuras políticas claves de esta Turquía en la segunda mitad del siglo XX.
  • La otra Turquía era la de los profesores de universidad, la judicatura, los oficiales del ejército, los funcionarios y los empresarios ligados a las actividades de la administración pública, todos ellos herederos de los principios kemalistas sobre los que se fundó la República de Turquía, firmes defensores del laicismo y de la plena occidentalización del país. Englobaba aquella élite que, ya desde los años treinta, y pareciendo vivir en una realidad paralela, se permitía el lujo de enviar a sus hijos a estudiar al extranjero y se mofaba de la ignorancia y el sentimiento religioso de sus empleadas domésticas y de las gentes del campo (hablo en pasado porque los sucesivos gobiernos de Erdoğan han conseguido realizar importantes purgas en las fuerzas armadas, las universidades, el poder judicial y la administración para colocar a sus afines). También en esta Turquía se alinearon buena parte de los alevíes, una desviación herética del chiismo que supone cerca de una cuarta parte de la población turca (la cual, por el contrario, es mayoritariamente suní). Los alevíes fueron un importante pilar del régimen kemalista y el laicismo y han dado muchos intelectuales al país. En las últimas décadas han sido atacados por la extrema derecha y más recientemente han sufrido el acoso de los partidarios de Erdoğan.

Ninguna de estas dos Turquías ha demostrado ser más democrática que la otra. Los partidos islamistas han sido sucesivamente ilegalizados y sus miembros han conocido la represión. El mismo Erdoğan perdió su cargo de alcalde de Estambul y fue llevado a prisión por recitar en público un poema. Una vez hubo llegado a primer ministro, el Tribunal Constitucional estuvo muy cerca de inhabilitarlo a él y de ilegalizar su partido en 2008. En la última década la trama Ergenekon, una supuesta red de militares y miembros kemalistas de las fuerzas de seguridad que habrían conspirado desde el llamado «estado profundo» para derrocar al gobierno de Erdoğan, ha servido para llevar primero ante la justicia y luego a la cárcel a numerosos oficiales del Ejército de dudosa afinidad política.

Sea como fuere, Erdoğan tiene el mérito de haber acabado con la influencia que las fuerzas armadas ejercían sobre la política. También abolió la pena de muerte, reconoció muchas masacres cometidas por el gobierno en los primeros años de la república y se mostró flexible con los derechos lingüísticos que reclamaban los kurdos. Se presentó ante el mundo como un demócrata islamista a la usanza de la democracia cristiana europea, capaz de llevar a Turquía a la condición de miembro de la Unión Europea. Sólo cuando ésta le hubo dado la espalda, y coincidiendo con las primaveras árabes, Erdoğan viró su política exterior hacia el sur en busca de extrañas amistades para la consecución de una hermandad islámica mundial que enseguida se le vino al traste con el último golpe de estado en Egipto y la aparición del Daesh.

Erdoğan y sus seguidores cada día dan más miedo. Pero él todavía cuenta con el apoyo mayoritario de la población turca. El problema es que no respeta los derechos de la minoría, que es el segundo requisito indispensable de cualquier régimen democrático.

Castellón de la Plana, 16 de julio de 2016.

 

Bibliografía de referencia

  • Francisco Veiga, El turco, Barcelona, Debate, 2011.
  • Antonello Biagini, Storia della Turchia contemporanea, Milano, Bompiani, 2005.
  • Feroz Ahmad, The Making of Modern Turkey, New York, Routledge, 1993.

Otras notas y artículos complementarios

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s