Los males de España

¿Por qué España ha tenido desde la Baja Edad Media una de las densidades demográficas más bajas de Europa occidental y, en resumidas cuentas, una población pírrica? ¿Cometieron acaso los castellanos un genocidio contra la población musulmana durante sus conquistas del siglo XIII? ¿Tan acusada fue la limpieza étnica llevada a cabo contra los moriscos de la Corona de Aragón y el Reino de Granada entre 1609 y 1611?

Entre los siglos XVI y XVII oleadas de inmigrantes franceses sucios y piojosos cruzarían constantemente los Pirineos en busca de una mejor vida en las Españas. Pero eso no bastaría para remediar el pecado original —la Reconquista y la expulsión de los moriscos—, del que deriva tanto la condena de Castilla al despoblamiento como el atraso de la España meridional, el avance de la desertización por el sudeste y, quizá de manera indirecta, que la española sea la economía desarrollada con el desempleo estructural más elevado del planeta (aunque esto último es una impresión muy aventurera por mi parte aún). Extraigo estas conclusiones a raíz de la lectura de esta fuente: Juan García Latorre, La inmigración Norte-Sur y el “pecado original” de la demografía española, Mediterráneo económico nº 1, 2002. Es brutal.

[E]l movimiento migratorio más duradero, influyente y decisivo en la historia de la península ibérica ha sido un movimiento norte-sur [y no sur-norte], un movimiento que, en parte, se alimentó durante siglos de un flujo intermitente, a veces masivo, de inmigrantes franceses, no cualificados en la mayoría de los casos, que buscaban en España lo que Francia no podía ofrecerles. […] Para [los musulmanes de Al-Andalus], el avance de los colonos [cristianos] representó una tragedia sin paliativos. La marcha hacia el Sur no se detiene al final de la Edad Media, sino que se prolonga con mayor o menor intensidad casi hasta el siglo XIX.

Este fenómeno multisecular se relaciona estrechamente, como veremos, con la característica más llamativa y peculiar de la demografía española, una característica que ya es evidente en los primeros censos del siglo XVI y que se ha mantenido hasta hoy: la escasez de población del país en el contexto de la Europa occidental, tanto en términos absolutos como en densidad. […] Con la densidad de Italia España rondaría los 100 millones de habitantes y sería el país más poblado de Europa.

Lo paradójico es que a largo plazo, en una perspectiva que abarque los últimos 400 años, no hay nada en la demografía española que justifique diferencias tan acusadas. Y, sin embargo, en todo este período España siempre se nos presenta como un espacio semidespoblado en comparación con los países vecinos. Hasta 1550, por ejemplo, tiene unos 5 millones de habitantes, mientras que Italia tiene casi 12 y Francia cerca de 20 millones. En los 300 años siguientes los tres países crecen, pero el desequilibrio entre ellos se mantiene en proporciones similares.

Me parece increíble que Felipe II contara con una población tan escasa para colonizar América, nutrir la mayoría de los Tercios que luchaban en Europa y las armadas que combatían el Turco, y que todo esto fuera sufragado sólo por los impuestos de los castellanos (vale, también los materiales preciosos de América fueron de ayuda).

Esta anomalía nos remite, por tanto, a un pasado muy lejano. Jordi Nadal lo ha expresado con claridad: “el caso español es un caso anómalo, cuya adecuada comprensión exige remontarse mucho atrás… En la medida en que los datos son fiables, puede afirmarse que, desde el comienzo de la era cristiana hasta el año 1700 aproximadamente, el número de franceses e ingleses se multiplicó por cuatro como mínimo, el de italianos casi por dos, el de hispanos sólo por 1,34. Los 7,5 millones de españoles de 1712-1717 traducen, de acuerdo con mi punto de vista, un poblamiento muy inferior a las posibilidades del territorio sobre el que se hallaban asentados, incluso en régimen de demografía antigua, anterior a los grandes cambios de la modernización económica. Casi con seguridad puede sostenerse que el larguísimo proceso de la Reconquista, durante la Edad Media, […] dejaron a España mucho menos poblada de lo que, con otra historia, hubiese estado”. […] Varios investigadores han señalado a nuestra peculiar historia medieval, a la “Reconquista”, como posible responsable del atraso demográfico español […].

Antes de entrar a valorar esta cuestión es necesario tener en cuenta […] el medio natural. En las economías europeas preindustriales […], el principal factor productivo era la tierra y el sector económico fundamental era el primario […]. En el sector primario los cereales constituían el producto clave para unas sociedades que obtenían del pan hasta el 75% de las calorías que consumían. […] Pues bien, […] los rendimientos del trigo, la cebada y el centeno en España, entre los siglos XVI y XVIII, aun siendo inferiores, no eran escandalosamente inferiores a los de otros países europeos (si exceptuamos a Holanda e Inglaterra, protagonistas precoces de una revolución agrícola que, en el resto de Europa, no se produjo hasta más tarde). No en vano en el siglo XVI la meseta norte soportó densidades de población casi homologables a las francesas o italianas.

Cosa muy distinta es que la combinación de un medio natural poco prometedor y bajísimas densidades de población propiciase durante siglos formas de explotación de los recursos muy extensivas -como la agricultura con largos períodos de barbecho o la ganadería trashumante- que en caso de institucionalizarse se convertían a su vez en frenos para el desarrollo demográfico. Pero entonces la escasez inicial de población sigue necesitando una explicación convincente que el recurso a las limitaciones del medio natural no satisface por completo. […]

[L]a dureza del medio ambiente español (que se reflejaba en los mediocres rendimientos de los cereales) podría explicar -es una simple hipótesis- que la densidad de población del país hubiera sido, en los siglos previos a la revolución industrial, inferior en aproximadamente un 30% o un 40% […] a la de los países del entorno, pero no en un 70% como de hecho sucedió desde el final de la edad media. […] ¿En qué consistió exactamente, desde el punto de vista demográfico, “aquella extorsión” medieval? La respuesta a esta pregunta vincula de golpe, como vamos a ver, los dos temas que he planteado hasta ahora: un enorme vacío poblacional en el sur y una corriente migratoria procedente del norte que, de manera discontinua y durante siglos, intentará colmarlo sin conseguirlo hasta muy tarde, lo cual nos indica que la brecha era de dimensiones verdaderamente colosales. […]

[L]os habitantes del territorio cristiano, en su avance hacia el sur, eliminaron a la mayor parte de la población de Al-Andalus -que debía ser bastante más numerosa- creando un auténtico desierto humano y dando origen a la anomalía demográfica que se arrastrará hasta hoy. Esto significa que en unos pocos años habría desaparecido más del 50% de la población del país. […] Expuesto así, puede sonar muy fuerte, pero los genocidios no son un invento del siglo XX. El “pecado original” de la demografía española fue un genocidio, acompañado de una gigantesca operación de “limpieza étnica”. Hubo excepciones, fundamentalmente en el valle del Ebro y en Valencia, en donde una parte importante, pero minoritaria, de la población islámica pudo permanecer en sus casas y conservar su religión varios siglos más […]. No fue la filantropía ni la corrección política las que llevaron a aragoneses y catalanes, conquistadores de ambos territorios, a retener in situ un porcentaje significativo de los habitantes musulmanes, sino la debilidad demográfica de ambos pueblos […].

La mayor parte de la población islámica desapareció en el mismo siglo XIII, poco después de la llegada de los cristianos (los casos más radicales y rápidos son los de Andalucía y Mallorca), y la minoría que permanece en el país se muestra inasimilable hasta el final. Como es sabido, pueblos de diversas religiones, idiomas y culturas fueron islamizados en el transcurso de la expansión árabe o más tarde, pero ninguna ha sido jamás “desislamizado”. En ningún sitio se producen conversiones masivas al cristianismo […]. Será, de hecho, la imposibilidad de asimilar a los vencidos, uno de los factores que más pesará a la hora de idear la “solución final” [la expulsión] a principios del siglo XVII.

En la península ibérica, desde el siglo XII, las posiciones ideológicas se han radicalizado en ambos campos. La relación con el contrario se concibe en términos de cruzada o yihad. […]

En los censos del siglo XVI […] las mayores densidades se encuentran en la meseta norte, lo que la convierte en el centro demográfico, económico y político del reino. Esta es la base de la incontestable hegemonía castellana. […] La conquista de América actúa, en principio, saludablemente sobre las “empresas” españolas, que han de hacer frente a un fuerte tirón de la demanda, interna y colonial, y a una inundación de metales preciosos. En el siglo XVI se produce la conocida “revolución de los precios”, una tremenda inflación. A la larga, la economía del país -arcaizante, poco sofisticada y orientada a la exportación de materias primas (lana) desde la baja edad media- no podrá responder ni a la demanda interna de productos manufacturados (a la que se sumaba la americana) ni a la competencia de productos extranjeros. Estos eran más baratos y desplazaban a los españoles de los mercados. En realidad es por eso por lo que llegan a España cientos de comerciantes de otros países con sus mercancías. Es una prueba del incipiente “subdesarrollo” español, en el que algo tenían que ver la herencia social y económica[de la Reconquista] […]. La falta de elasticidad de la oferta (auténtico cuello de botella), la inflación, la competencia exterior y la creciente presión fiscal acaban asfixiando a la economía española a finales del siglo XVI, aunque antes de que esto sucediera el país resultaba muy atractivo para empresarios y trabajadores extranjeros.

Los precios suben, pero también los salarios. Y esto, en un país con escasez de mano de obra y varias regiones semivacías, atrae a trabajadores inmigrantes del exterior hasta principios del siglo XVII. “Manadas de franceses” -en expresión de un contemporáneo- inundan la península ibérica […]. La diferencia de presión demográfica a ambos lados de los Pirineos es muy acusada y la proximidad, entonces más que ahora, pesa en los movimientos migratorios. Por eso son Cataluña y Aragón quienes más se benefician de este flujo de trabajadores. Hacia el año 1600, el 20% de los hombres que habitan el principado ha nacido en Francia. En Aragón se calculaba entonces que la población de origen francés podría llegar al 20% o 25% del total. En Valencia el porcentaje se reduciría al 5% o 10%. Al margen de estas regiones, en donde constituían una parte considerable de la población, los franceses -aunque en menor número- estaban por toda España ejerciendo los trabajos y oficios más humildes. Con ellos se contaba […] para restañar las heridas que produciría la solución aplicada al problema de los moriscos […].

Las expulsiones [de los moriscos] crean de nuevo enormes vacíos demográficos en el sur y el levante que los proyectos de repoblación no conseguirán rellenar de manera inmediata […]. Esta sangría demográfica se ha producido cuando la fase expansiva llega de nuevo a su fin en Europa. Para muchos historiadores es simplemente una repetición de la crisis del siglo XIV: el sistema económico y demográfico europeo ha tocado techo otra vez. Durante el siglo XVII, el de la gran crisis, todo tipo de calamidades se abate sobre el continente europeo y, de manera muy señalada, sobre España, cuyos problemas procedían más de su estructura socioeconómica y política que de la inadecuación entre recursos y población. En el caso español la serie de desastres se inicia con la “peste atlántica” de 1596-1602, que mata en poco tiempo a medio millón de personas, casi el 10% de los habitantes del país.

En aquel siglo la población española, en conjunto, se estancó, aunque creció la de algunas regiones. En realidad lo que hubo fue una redistribución de los efectivos demográficos, una mutación de largo alcance que no ha hecho más que intensificarse hasta hoy: el interior pierde población, las periferias crecen, pero lo hacen por razones muy distintas.

Durante mucho tiempo se pensó que las epidemias catastróficas se habrían cebado de manera especial en el interior castellano. Como demostró Pérez Moreda no parece haber sido así. Las epidemias mataron a mucha más gente en la periferia mediterránea y andaluza que en el interior a lo largo del siglo. ¿Qué ha sucedido entonces? “Deben ponderarse -escribió el profesor Nadal hace ya varios años- las migraciones internas, generalmente del centro a la periferia. El factor migratorio […], que ya había sido decisivo en la repoblación catalana del siglo XVI, volvió a serlo en la despoblación castellana del siglo XVII”. Pérez Moreda, que encuentra en la emigración una de las principales causas del hundimiento castellano, apunta algunos de los posibles destinos de este movimiento migratorio, más intuido que realmente conocido: “especialmente grandes áreas de Castilla la Nueva, y sobre todo de Andalucía, por limitarnos al marco de la Corona castellana […]”.

Fue la dureza de la crisis económica, social y política del siglo XVII lo que despobló la meseta y convirtió en inmigrantes a muchos castellanos. Pero estos son unos “inmigrantes invisibles” que apenas han dejado rastro en la documentación […]. Comparando, por ejemplo, las cifras de población de finales del siglo XVI con las que muestra el censo de 1787 comprobamos que en casi 200 años -con la gran crisis del XVII por medio- […] las periferias han crecido mucho más que el interior, y que el crecimiento de algunas regiones periféricas sobrepasa lo que habría permitido el simple juego de la natalidad y la mortalidad en una demografía antigua. Este es el caso de la periferia mediterránea. […]

[O]bservamos que el antiguo Reino de Granada (Almería, Granada y Málaga), se ha comportado de manera totalmente distinta a como lo ha hecho el valle del Guadalquivir. Casi ha triplicado su población […]. Sólo la región de Murcia habría crecido a un ritmo más rápido […]. Así pues -dejando al margen el caso excepcional de Cataluña, cuyo crecimiento responde más a profundas tranformaciones económicas que a la inmigración-, Andalucía oriental, Murcia y Valencia sí han tenido que recibir, en mayor o menor medida, un buen número de inmigrantes procedentes del interior en algún momento a caballo entre el siglo XVII y la primera mitad del XVIII. Son las áreas que habían quedado más vacías a raíz de la salida de la población islámica. […]

El espacio ha jugado un papel importante como factor de atracción en la gran marcha hacia el sur de los pueblos hispánicos. […] Al contrario de lo que sucede con las demás especies, la relación entre recursos y seres humanos no es directa ni mecánica, está mediada por normas y relaciones sociales, así como por la tecnología. En las sociedades preindustriales la tierra es el principal factor productivo y por eso cuando es abundante termina, más pronto o más tarde -a veces muy tarde- por atraer población, pero sólo lo hace si lo permiten las condiciones sociales en sentido amplio. Los grandes espacios vacíos que creó la liquidación del islam español se activaron o desactivaron como factor de atracción para los inmigrantes del norte en función de circunstancias económicas sociales y políticas, es decir, específicamente humanas.

En ese gran vuelco hacia las periferias que inicia la población española a partir del siglo XVII, traducido en una continua pérdida de peso demográfico del interior del país, hay una sola excepción que se ha mantenido hasta hoy: Madrid […]. Mientras la meseta se hunde la capital del reino crece regularmente […] Cuando en un breve paréntesis de seis años Valladolid le arrebata la capitalidad, Madrid pierde el 50% de sus habitantes.

Entre los siglos XVII y XIX los inmigrantes que se instalan en Madrid proceden en buena parte de su entorno rural manchego, pero el 60% llega de regionales situadas al norte de la ciudad, siendo especialmente notable la aportación de castellano-leoneses, asturianos, gallegos y vascos. Es una de las últimas manifestaciones de la gran corriente migratoria norte-sur, de la que sería poco decir que ha marcado la historia del país, literalmente lo ha creado.

Castellón de la Plana, 5 de agosto de 2016 (instantes antes de irme a la playa).

ADDENDVM

beylerbey

Esta imagen, compartida en la cuenta de Twitter de @OttomanArchive, contiene, siempre según la versión inglesa, una orden del sultán otomano al Señor de Señores de Argelia, Ali Paşa, para que asista a los moriscos expulsados de sus poblaciones en al-Ándalus. Está fechada el 16 de abril de 1570. Curioso cuando menos contar con esta otra mirada de nuestra historia.

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