Mauricio

Lisboa, octubre de 2016. Mi amiga Verónica y yo nos lanzamos y desde el mismo hotel donde nos hospedamos compramos sendos vuelos a Mauricio, pues los dos sabemos que, si esperáramos a regresar a nuestros respectivos hogares para adquirirlos, nos echaríamos atrás.

¿Por qué Mauricio? A la inmensa mayoría de españoles se nos antoja un destino caro y hasta pijo, donde sólo hay playas y al que sólo te plantearías ir de luna de miel. Esas ideas, fruto de la ignorancia, eran las que me hacían dudar de escoger este destino. Pero la oferta de Eurowings para volar a comienzos de enero desde Colonia, donde reside mi amiga, era sensata. Ahora que el viaje ha concluido, expondré mis impresiones en esta nota.

Creo que no existe ningún vuelo directo desde España, y desde luego era muy difícil tropezarte con otros turistas españoles: siempre que nos oían hablar, los locales nos preguntaban si éramos italianos, y todos nos decían que los españoles éramos una rara avis en su isla. Es normal. A fin de cuentas, los españoles contamos con excelentes destinos de sol y playa para todos los bolsillos donde no necesitamos utilizar otra lengua que no sea la de Cervantes, tanto por nuestra geografía nacional como en la extensa América hispana. Sin ir más lejos, el año pasado yo pasé tres noches en la Riviera Maya, dentro de mi periplo por México, y allí disfruté de playas paradísiacas tanto públicas como exclusivas del resort donde pernoctaba.

Pues bien, una cosa común que tiene Mauricio con España es que todas las playas son públicas. Un taxista nos contó que, tiempo atrás, muchos hoteles a primera línea de playa no admitían la entrada de mauricianos y construían muros para apropiarse de parte de la costa ilegalmente, pero que en un momento dado su Gobierno fue contundente y puso en vereda a los grandes complejos hoteleros. Hoy los mauricianos disfrutan de sus playas, muy bien cuidadas, junto con los extranjeros. He ahí uno de los grandes atractivos de la isla, una opinión mía personal que parecen compartir muchos otros visitantes de acuerdo con los blogs que leí antes de realizar el viaje.

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Muchas playas cuentan además con amplios pinares contiguos (digo “pinares” porque en el Grao de Castellón tenemos un extenso pinar a pocas calles de la playa, pero los árboles del litoral mauriciano no son pinos ni predominan las palmeras). Así, y sobre todo el fin de semana, las familias mauricianas al completo (desde los niños hasta los parientes que van en silla de ruedas) se traen su música, neveras, sillas y mesas para comer bajo los árboles y luego bañarse, sea en bañador o con toda la ropa puesta, como hacen muchas mujeres. Más que un destino pijo, a mí Mauricio me parece un lugar suficientemente desarrollado en el que se practica un turismo responsable, esto es, donde el extranjero no disfruta a costa de que se discrimine a los lugareños, como ocurre en otros sitios, sino sintiéndose como un igual entre ellos.

Si digo que compartir playa con la población local es un gran atractivo es, además de por su amabilidad, por la amalgama de etnias, credos y lenguas que se reúnen en la sociedad mauriciana. El Índico, como el Mediterráneo, son aguas cargadas de mucha historia. Dos mil años atrás navegantes malasiopolinesios arribaron a Madagascar dejando de lado Mauricio. Los árabes y los chinos probablemente también se aproximaron, pero Mauricio se mantuvo despoblada hasta la llegada de los europeos. Con ellos no sólo se extinguieron los famosos dodos, esas aves no voladoras que muchos conocimos en los libros de primaria, sino que las islas comenzaron a recibir gentes de toda Asia y África. Ello constituye un claro ejemplo del fenómeno mundializador que los colonizadores europeos, en especial los ingleses, replicaron en muchas partes del globo, portando mano de obra negra, india y china de aquí para allá entre los siglos XVIII y XIX.

Así, en la actualidad, de los 1,3 millones de mauricianos algo más de la mitad son hindúes (con sus múltiples subdivisiones), cerca de un tercio son cristianos (tanto católicos como protestantes), y alrededor de un 15% son musulmanes. A su vez, la población es multiétnica (negra, india, china y de ascendencia europea) y plurilingüe (la lengua oficial es el inglés, pero todos los mauricianos hablan principalmente una lengua criolla del francés y el propio francés, así como hindi o chino, en función de su grupo étnico; incluso se ven caracteres arábigos a menudo).

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Mauricio no tiene una dilatada historia y su variopinta población es el resultado de la colonización primero francesa y más tarde inglesa. Al margen de sus playas, son contadas sus atracciones turísticas tierra adentro. Ahora bien, se trata de un destino seguro y cómodo por donde moverse gracias a su excelente red de autobuses interurbanos, a la par que muy exótico por el cruce de identidades y culturas entre el Hindustán y el África negra, pero donde no debes temer el estado de la comida callejera, ni el agua del grifo, ni los mosquitos, ni que te roben… Todo el mundo es políglota y se preocupa por que no te pierdas; nadie te pide dinero ni te atosiga para que le compres cosas, de modo que en ningún momento te sientes observado como si fueras un cajero automático andante (lo que por desgracia sí pasa en muchos otros destinos).

Para mí Mauricio ha sido una pequeña introducción a África y Asia, dos continentes que espero ir conociendo en futuros viajes a lo largo de mi vida.

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