Del NO chileno al HAYIR turco (actualizado a 16/04/2017)

Hacía muy pocos días que Alejandro y yo habíamos llegado a Chile, a finales de septiembre de 2015, y todavía buscábamos «departamento» cuando vimos la película «No», de Pablo Larraín. Este filme recrea la campaña —el anuncio o spot electoral, para ser más precisos— que realizó la concertación de partidos de la oposición chilena de cara al plebiscito de 1988. En él la ciudadanía debía ratificar la decisión de las fuerzas armadas de mantener a Augusto Pinochet en el poder por otros ocho años. Por tanto, el referéndum se diseñó en el sentido de que la respuesta afirmativa, el SÍ, legitimaba la dictadura; mientras que la opción negadora, el NO, podía significar el retorno de la democracia.

Un momento. ¿La dictadura chilena organizó un referéndum arriesgándose a perderlo? Sí. A diferencia de los referendos celebrados en España durante el franquismo, en los que la opción del régimen siempre consiguió el apoyo casi unánime de los (y las) votantes, digamos que el plebiscito chileno iba medianamente en serio: existía cierta presión internacional, lo exigía la Constitución política de 1980 y en los años previos se hicieron las adaptaciones normativas pertinentes, como por ejemplo permitir la creación de partidos políticos opositores apenas un año antes del plebiscito (también el franquismo aprobó un tímido decreto-ley de asociaciones políticas en 1974, todo sea dicho); pero más allá de publicar normas en un diario oficial, en Chile se seguía respirando dictadura y defender públicamente el NO era peligroso.

Con ese contexto se fraguó la campaña electoral: la dictadura autorizó la emisión de franjas televisivas, una diaria de 15 minutos para el SÍ y otra igual para el NO. Volviendo a la película, ésta relata cómo los líderes de la oposición se empeñaban en reflejar los crímenes de la dictadura en la franja televisiva, mientras que el publicista René Saavedra, el protagonista, insistía en un formato más alegre y colorido que mirara al futuro con optimismo. Se impuso su criterio y la campaña del NO fue un éxito con el arcoíris como símbolo de la Concertación opositora y una letra muy pegadiza. Aquí podéis ver el spot electoral que iniciaba y cerraba la franja televisiva del NO (sí, a veces parece más bien un anuncio comercial propio de una cadena estadounidense, pero así eran los ochenta).

El resto de la historia ya la conocemos. Ganó el NO y se restableció la democracia tras un breve periodo de transición (si bien Pinochet siguió como comandante en jefe de las fuerzas armadas hasta marzo de 1998, apenas medio año antes de que el juez español Baltasar Garzón emitiera la famosa orden de detención internacional contra él).

El 16 de abril de 2017 otro país, Turquía, afronta un referéndum donde la opción del NO significa la pervivencia, formal cuando menos, del parlamentarismo y el poder limitado; mientras que la victoria del SÍ traería un régimen todavía más autoritario. Las mismas opciones que en el plebiscito chileno de 1988, pero con la dirección inversa: el pueblo chileno quiso dejar atrás la dictadura y los turcos podrían entrar en ella.

Como expliqué el año pasado en mi nota Historia reciente de un país sui generis, los turcos actuales no han conocido ninguna dictadura stricto sensu más que en el periodo de tres años de represión que siguió al golpe militar de 1980. Mas ello no significa en absoluto que el país haya experimentado una democracia modélica el resto del tiempo: la República de Turquía no conoció el multipartidismo hasta 1945, el Ejército ejerció hasta hace poco una influencia muy notable en la vida pública y la represión política estuvo siempre presente.

Sin embargo, el caudillismo que encarna Recep Tayyip Erdoğan representa una forma de autoritarismo novedosa en la historia del país por cuanto este dirigente islamista ha conseguido llevar adelante una agenda llamémosla neotomanista con la que pretende eclipsar la figura histórica de Mustafa Kemal Atatürk y acabar con su legado laicista de cara al primer centenario de la fundación de la República de Turquía. Me ceñiré a los años más recientes:

  • En 2014 tuvieron lugar las primeras elecciones presidenciales de la historia de Turquía, fruto de una reforma constitucional aprobada en 2007. Tayyip Erdoğan, que hasta entonces había sido el primer ministro, abandonó su cargo para presentarse a estas elecciones. Y las ganó. Si bien la Constitución todavía otorgaba un rol meramente simbólico al Presidente de la República y le exigía neutralidad política, Tayyip Erdoğan ejerció desde el primer día una fuerte influencia sobre su partido y la oficina del primer ministro.
  • La formación que dirige Tayyip Erdoğan, AKP, perdió la mayoría absoluta en las elecciones legislativas de junio de 2015 como consecuencia de la entrada en el hemiciclo del partido prominorías HDP, que superó con cierta holgura la difícil barrera electoral del 10% a nivel nacional. Fue imposible formar gobierno y las elecciones se repitieron en noviembre del mismo año. El AKP se hizo de nuevo con la mayoría absoluta.
  • En 2016 las desavenencias entre Tayyip Erdoğan y Ahmet Davutoğlu (el primer ministro) llegaron a su punto álgido: éste quería actuar con más autonomía y no comulgaba con los planes de operar una nueva reforma electoral para instaurar un sistema presidencialista; Erdoğan lo fulminó en el seno del partido y lo obligó a presentar la dimisión en mayo de ese año. Fue reemplazado por Bildim Yıldırım, más dócil y fiel a su presidente.
  • La noche del 15 al 16 de julio de 2016 Turquía sufrió una intentona golpista. El fracaso de los militares insurrectos 1) impulsó los planes de Erdoğan para reformar la Constitución y concentrar más poderes; y 2) sirvió como excusa para detener o despedir a miles de militares, jueces, profesores, otros funcionarios y periodistas, poner fin a la autonomía universitaria y reprimir determinados sectores de la oposición política.
  • El partido gobernante AKP no contaba con la mayoría cualificada necesaria para obrar los cambios constitucionales que tanto ansiaba Erdoğan. La estrategia inicial había pasado por aprobar una pequeña enmienda constitucional en mayo de 2016. Ésta permitía retirar la inmunidad parlamentaria y procesar a los diputados prokurdos por actos de connivencia con el terrorismo. Se pretendía así alterar la aritmética parlamentaria, de tal modo que el AKP alcanzara la mayoría cualificada. Pero finalmente se consiguió consensuar una reforma constitucional más profunda con el MHP (el tercer partido del país), de tal modo que en diciembre de 2016 se presentó el proyecto de reforma constitucional y en las primeras semanas de 2017 fue aprobado por el parlamento. Se someterá a referéndum el próximo 16 de abril.

La reforma constitucional fusiona los cargos de presidente de la república (Cumhurbaşkanı) y primer ministro (Başbakan) en una sola persona, quien estará habilitada para gobernar mediante decreto y declarar el estado de excepción en un mayor número de supuestos a la vez que retendrá la facultad de disolver anticipadamente el parlamento. Desde luego, no guarda ningún parecido con el sistema presidencialista de los Estados Unidos.

Erdoğan se la juega mucho en este referéndum y está dispuesto a todo. Ha querido enviar a sus ministros a varios países europeos para que hagan campaña entre las comunidades de emigrantes turcos, y eso ha provocado tensiones y conflictos diplomáticos con los ejecutivos europeos.

Por su parte, los partidos turcos que se oponen a la reforma constitucional han rescatado la historia del plebiscito de 1988 del que hablé antes para inspirarse en la campaña del NO chileno. Así, el CHP, que es el principal partido de la oposición en Turquía, está tomando como referencia para sus anuncios electorales el trabajo que ejecutó René Saavedra casi treinta años atrás. He aquí el resultado: mensaje optimista, sol colorido y música alegre.

Ignorando por completo las enseñanzas del publicista chileno, el artista turco Haluk Levent ha realizado para la campaña del NO esta versión de la İzmir Marşı o Marcha de Esmirna, un canto sobre la Guerra de Liberación turca (1919-1923) que enardece el lado más kemalista y laico de la población. La İzmir Marşı se ha convertido en un cántico contra Erdoğan y se tararea en toda clase de eventos deportivos (aunque de toda la vida se ha cantado en las bodas de Esmirna, quizá la ciudad más occidentalizada y menos religiosa del país). El estribillo dice así: Yaşa, Mustafa Kemal Paşa yaşa! («¡Viva, viva el General Mustafa Kemal!»). Casi nada.

ADDENDVM

Son las siete de la tarde, hora peninsular, del domingo 16 de abril de 2017. Con el 99,7% del voto escrutado, el referéndum de Turquía ha arrojado el siguiente resultado:

Türkiye
‘Evet’ (en verde) significa SÍ a la reforma constitucional y “Hayır” (en gris) es NO.

Otra cosa no, pero ya quisieran las democracias occidentales tener un sistema de recuento de votos tan eficiente como el turco, que en tres horas escasas ya tienen los resultados finales. Sí, otra bondad del régimen electoral turco es que los colegios electorales cierran prontito, de modo que nadie se queda recontando papeletas en las mesas electorales hasta las tantas de la noche.

Dicho esto, debo añadir que el recuento se ha caracterizado por un paulatino retroceso del SÍ a medida que se abrían más papeletas. Los primeros resultados procedieron del este; por el contrario, la provincia de Esmirna tuvo un retraso muy considerable y durante mucho rato dio la esperanza de que el NO pudiese imponerse en los últimos momentos del recuento. Pero no ha sido así. Por cada cinco puntos porcentuales que avanzaba el recuento, el voto del SÍ no disminuía más que medio punto.

¿Cuáles han sido las provincias con los resultados más extremos en uno y otro sentido? Por un lado está Tünceli, donde sus habitantes alevíes y kurdos le han dado al NO más de un 80% de los sufragios locales. El dato opuesto se encuentra un poco más al nordeste, en otra provincia de población similar llamada Bayburt, donde el 81,7% de los votantes ha apostado por el SÍ. En la provincia de Esmirna, puede que la más laica y kemalista del país, el NO ha cosechado el 68,8% de los votos; mientras que en la de Rize, donde Tayyip Erdoğan tiene sus raíces familiares, el apoyo al régimen presidencialista ha alcanzado el 75,5% de los sufragios.

Ignoro si hay sistemas presidencialistas puros fuera del continente americano, pero Turquía lo va a estrenar enseguida. Erdoğan también ha prometido la celebración de sendos referendos para dar expresamente por finalizadas las negociaciones de adhesión con las instituciones europeas y para reestablecer la pena de muerte (que él mismo suprimió como exigencia del proceso de adhesión a la Unión Europea). Veremos qué pasa próximamente.

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