El voto de espectáculo: Serbia y el fenómeno «Beli» (actualizado a 03/04/2017)

De niño me operaron varias veces de los pies y me pasé muchos meses convaleciente en casa. En ese tiempo me entretuve con los libros (hablo de mediados de los noventa, cuando Internet aún no existía en nuestras casas). Novelas infantiles de El Círculo de Lectores aparte, devoré atlas y me hice asiduo a la enciclopedia. Me gustaba reproducir mapas a mano y consultaba la historia de multitud de lugares. Y es aquí donde quiero detenerme: a menudo esas secciones de historia que leía perdían interés en sus últimos párrafos, pues en ellos las guerras y las revoluciones daban paso a sucesiones de contiendas electorales y siglas de partidos. Tardaría lustros en conocer las tesis de Fukuyama sobre el fin de la historia, pero si entonces me las hubieran explicado de modo que las entendiera, habría estado de acuerdo.

El politólogo Roger Senserrich escribió semanas atrás un artículo que llevaba por título La política aburrida, ese gran logro de Occidente. En él elogiaba la política de los burócratas o policy makers, aquella integrada por contenidos técnicos que no resultan atractivos para tratar en televisión ni se pueden resumir en un tweet o un titular, pero gracias a los cuales las cosas funcionan relativamente bien: desde el trasplante de un corazón a los horarios de los trenes; y sin que las personas andemos siempre a la gresca. Porque, aunque las noticias de la Guerra de Siria nos den la sensación contraria, lo cierto es que nunca hubo tan pocas muertes por conflictos armados en el mundo como ahora.

Sin embargo, pareciera que cuanta más paz y estabilidad política hay, mayor es la mediocridad de la clase política dirigente (por el contrario, la bella oratoria de los parlamentarios españoles del siglo XIX, recogida en los diarios de sesiones de las Cortes, contrasta con la tumultuosa historia de la España de aquel periodo). Siguiendo esta lógica, en los primeros años de la crisis económica se difundió en mi país este meme:

Futuro

En definitiva, el mundo parece funcionar igual con independencia de los dirigentes que tengamos. Y que por tanto da igual lo que votes. Que nueve años atrás la audiencia de TVE eligiera a Rodolfo Chikilicuatre como representante de España en Eurovisión fue, a mi juicio, la antesala de las opciones populistas que hoy corroen las democracias más longevas.

Ahora bien, creo que este fenómeno de voto-espectáculo es más que una forma de manifestar el descontento popular; es el agotamiento del sistema democrático mismo. ¿Lo es como resultado de la economía terciarizada y de que las opciones políticas perdieran su referente de clase, como sostenía en mi artículo de La izquierda idiotizada? ¿O es que la especie humana no podía pasarse el resto de su existencia votando y la democracia electiva ha llegado a su límite, como afirma el politólogo Van Reybrouck en su libro Contre les élections? No lo sé.

He contado todo esto porque la política serbia está experimentando algo extraordinario estos días. Nunca he vivido en Serbia, pero mi amigo Marko me mantiene siempre informado de las cosas que acontecen en ese país. La cuestión es que los serbios votan al presidente de la república en primera vuelta el próximo domingo. El actual primer ministro, Aleksandar Vučić, se ha presentado y vencerá con toda seguridad. Se trata de un personaje que desde los años noventa ha ido cambiando de partido para arrimarse al sol que más calentaba en cada momento. Pero lo llamativo es el papel que está desempeñando Luka Maksimović, un desconocido joven de 25 años.

Luka estudia comunicación en la universidad, pero se le conoce como comediante y activista político, que no político. El año pasado se hizo famoso en su país por llevar la parodia a la clase política serbia hasta límites insospechados: interpretando a su manera el papel de profesional político, se presentó con un partido ficticio a las elecciones del consistorio de su municipio, Mladenovac, con una campaña plagada de falsas promesas evidentes (véase el vídeo que figura a continuación). Consiguió hacerse con el 20% de los votos y 12 regidores.

Insisto, para esas elecciones Luka no sólo asumió un rol de político convencional, sino que de cara a los medios se presentó como Ljubiša Preletačević, nombre y apellidos ficticios en clave de humor que bien podrían traducirse al castellano como Ljubiša Chaquetero. Para más inri, adoptó el apodo «Beli» (el Blanco), intuyo que en alusión a la corrupción política.

Pues bien, hace apenas unas semanas se hizo pública su candidatura a la presidencia de la República de Serbia, después de que reuniera las firmas necesarias que exige la legislación electoral serbia. He aquí un vídeo sensacional de su campaña en estas elecciones:

Beli comenzó a llamar la atención de los medios internacionales cuando el pasado domingo 19 de marzo algunas encuestas le situaron en segunda posición, esto es, por delante de toda la oposición del país. Si el candidato favorito, Vučić, no alcanza el 50% de los sufragios en la primera vuelta de este domingo, ¿se las verá con Beli en la segunda vuelta?

Cuando les he contado el fenómeno a mis amigos, a algunos de ellos les ha recordado al argumento del tercer capítulo de la segunda temporada de la serie británica Black Mirror, titulado The Waldo Moment (2013). Me he visto el capítulo y sí, cierto parecido hay. Así, en la serie es también un comediante quien, utilizando otro personaje ficticio (un dibujo animado que critica a los candidatos políticos), se presenta a las elecciones del distrito y logra ser la segunda candidatura más votada. ¿Se inspiraría Luka en este episodio?

ARTÍCULOS DE INTERÉS SOBRE LAS ELECCIONES PRESIDENCIALES SERBIAS

 

ADDENDVM

Finalmente las elecciones presidenciales arrojaron estos resultados (pincha aquí para ir a la fuente):

  1. Aleksander Vučić (el primer ministro) – 55,7%
  2. Saša Janković (anterior defensor del pueblo) – 15,6%
  3. Luka Maksimović (Beli) – 9,6%
  4. Vuk Jeremić (presidió la Asamblea General de la ONU entre 2012 y 2013) – 5,7%
  5. Vojislav Šešelj (acusado de crímenes de guerra en el pasado) – 4,5%
  6. Los seis candidatos restantes – 8,9%

Vučić superó con creces la mitad de los votos, por lo que será nombrado presidente de la república sin necesidad de celebrar una segunda vuelta. Beli, pese a quedar “sólo” en tercera posición, y ejerciendo aún su papel de político ficticio, anunció su victoria y celebró los resultados en su localidad de procedencia, con fuegos artificiales incluidos.

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