De Egipto a León: un viaje al «norte» de España

El «norte» de España es un concepto cultural que no coincide del todo con la geografía. Así, Cataluña no pertenece al «norte», por muy septentrional que sea; lo mediterráneo, por montañoso que sea, es sinónimo de «sur». Por otra parte, el «norte» es muy subjetivo: los vallisoletanos y los riojanos se podrán considerar del «norte», pero para un euskaldun (vascohablante) de Guipúzcoa ni siquiera Vitoria es «norte».

¿Qué es para mí el «norte» de España? La primera vez que lo «noté» —porque cualquier valenciano capta con los sentidos el momento que cruza esa frontera— fue viajando en autobús de Tarragona a San Sebastián. Era el mes de julio de 2011, y a la altura de Tudela (la Ribera navarra) el sol aporreaba. Pero más adelante, no recuerdo si pasada o no Pamplona, todo cambió de manera abrupta y repentina: los colores amarillos y marrones predominantes en los paisajes de la depresión del Ebro dieron paso al verde, mientras que el cielo de azul intenso se cubrió por completo de nubes grises y comenzó a diluviar. Casi tres años después, en la primavera de 2014, Ocho apellidos vascos me recordó ese momento cuando Rafa (Dani Rovira) entraba en una especie de Mordor vasca de incesantes relámpagos y copiosa lluvia.

En resumidas cuentas, para mí el «norte» de España se limita a esa cornisa cantábrica de monte caducifolio y vacas pastando en las praderas que contemplas yendo en tren de Madrid a Oviedo o Santander; y también toda Galicia, que como sólo he utilizado el avión para llegar a ella, no sé muy bien a partir de qué punto empieza uno a sentir que ha llegado al «norte» si se desplaza por vía terrestre. Por eso tenía muchas ganas de conocer la provincia de León, y más en concreto la comarca de El Bierzo. Así, el pasado 25 de abril Renfe sacó las primeras 25.000 plazas de AVE y Alvia a 25€ por trayecto, que se agotaron en apenas 12 horas. Conseguí hacerme con sendos pasajes para la ida y vuelta Castellón-León en tren directo, un trayecto de 6h20min (me dio para leer buena parte de Naciones y nacionalismo desde 1780, un libro de Eric Hobsbawm al que espero dedicar pronto una nota).

Otra cosa no, pero la Alta Velocidad Española le da a un levantino toda la comodidad para conocer las capitales de provincia de ambas Castillas (y a los habitantes de éstas la facilidad de alcanzar en un santiamén nuestras playas en verano, claro está).

Llegué el sábado a mediodía a León, donde amenazaba lluvia y casi hacía el mismo frío que en Castellón durante el mes de enero (dos mangas largas y chaqueta que me puse); pensaba que el domingo, visitando El Bierzo, todavía haría más frío. Pero no, hizo un día soleado y con una manga ibas de cine. Así, conocí la capital leonesa en un día gris y El Bierzo en un día soleado, lo que quizá ahondó más el contraste en relación con la idea preconcebida que tenía de estos dos lugares.

  • Me imaginaba una capital que, por mucho casco histórico bonito que tuviera, reflejaría en las afueras las secuelas de la época de la fiebre de la construcción. Entré por el lado oeste, y allí al menos no vi edificación nueva alguna. Para más inri, fui a comer a tiro hecho a La Casa del Cocido —el hambre apremiaba— y la (no) decoración del local me sumergió todavía más en la sensación inicial de hallarme en un pueblo castellano. Tapeando las primeras horas de la noche por el Barrio Húmedo tuve más sensación de lo mismo. En definitiva, León se me antojaba una ciudad un tanto decadente o anclada en el tiempo, víctima del envejecimiento imparable de su población y donde sólo veía a jóvenes disfrazados celebrando despedidas de soltería.
  • Tomando como referencia lo visto en la capital, y reteniendo en mente mil descripciones románticas de meigas y aldeas aisladas en la Galicia de interior (que todavía no conozco), pensé que la antesala de todo eso, El Bierzo, se asemejaría algo. Sólo visité Villafranca del Bierzo, Ponferrada y Astorga (esta última localidad en realidad no pertenece a la comarca berciana sino a la de Maragatería). Me esperaba que Villafranca fuera un pueblito medio despoblado y situado en medio del bosque, salpicado por riachuelos y rodeado de montañas; y que Ponferrada sería una pequeña capital de comarca, con su imponente castillo templario pero poco más. ¡Cuán equivocado estaba! El Bierzo me pareció una comarca pujante y dotada de buenas infraestructuras. Había riachuelos en Villafranca, pero no era ésta un lugar agreste ni atrasado, sino un pueblo rodeado de colinas que cuidaba con esmero de sus calles empedradas y sus fachadas blasonadas para el disfrute de los peregrinos. Y qué decir de Ponferrada… Toda la burbuja inmobiliaria que no vi en la ciudad de León estaba en la capital berciana. ¡Qué barbaridad! Ponferrada tiene 2,5 veces menos habitantes que Castellón de la Plana, pero me pareció casi igual de extensa.

Impresiones aparte, y porque no me gusta hacer crónicas de mis viajes sino únicamente transmitir aquello que aprendo en ellos, quiero ahora centrarme en lo que vi y nos contaron en la ruta guiada por la Basílica de San Isidoro: cuna del parlamentarismo europeo —ese título rimbombante le confirió la UNESCO— y Panteón de los Reyes de León, este complejo monumental alberga pintura románica en excelente estado de conservación, la única pieza de arte vikingo en España y el Cáliz de doña Urraca, que es uno de los candidatos a ser considerado el Santo Grial. Recojo a continuación la historia que rodea esta copa:

La Sala del Tesoro de la Real Colegiata de San Isidoro contiene una cajita de plata con inscripciones en alifato que llegó en tiempos de Fernando I el Magno, junto con otras piezas, como ofrenda de los reinos de taifas de la península que rendían tributo a este rey cristiano. Sin embargo, lo que causaba extrañeza es que tales piezas, si bien habían pasado por la España musulmana, procedían de mucho más lejos: del Imamato fatimí, o sea, de Egipto. ¿Cómo llegaron hasta León? ¿Qué clase de relaciones podía tener este reino cristiano con el Egipto de los fatimíes?

Cajita árabe
La cajita de plata con inscripciones en alifato.

Gustavo Turienzo, Doctor en Filología Árabe de la Universidad Complutense de Madrid, trabajaba un día de 2006 en la Biblioteca Nacional de Egipto cuando por pura casualidad se tropezó con dos pergaminos del siglo XIV. Estos mencionaban que a mediados del siglo XI las crecidas del Nilo fueron escasas y esto trajo un periodo de terribles hambrunas que llevaron a Al-Mustansir, el imam fatimí, a pedir la ayuda de sus vecinos. Respondió a esta llamada el emir de la Taifa de Denia, y como agradecimiento Al-Mustansir le envió un cargamento de reliquias. Figuraba entre ellas un cuenco grecorromano procedente de la Iglesia del Santo Sepulcro de Jerusalén, que el emir de Denia entregó poco después al rey leonés.

Pergamino
Reverso del pergamino en que se relaciona al rey leonés con un cáliz procedente de Egipto.
Anverso
Anverso del pergamino.

El Doctor Turienzo informó de este hallazgo a la medievalista Margarita Torres, quien junto al historiador del arte Miguel Ortega del Río movió papeles y consiguió financiación de la Junta de Castilla y León para investigar a fondo el asunto y enviar de nuevo al Doctor Turienzo a Egipto. Sin embargo, para cuando éste volvió a El Cairo, los pergaminos ya no se hallaban en la Biblioteca Nacional de Egipto sino que habían sido trasladados a la biblioteca de la antigua Universidad de Al-Azhad. Le costó mucho, pero finalmente consiguió que las autoridades egipcias le facilitaran copias de estos documentos.

Con toda esta información, los investigadores Miguel Ortega y Margarita Torres publicaron Los Reyes del Grial, libro que ha tenido repercusión internacional y con el que se trata de demostrar científicamente que la copa que los cristianos de Jerusalén del siglo XI consideraban que había sido utilizada por Jesucristo es el cáliz de la Basílica de San Isidoro de León. Para ser más precisos, este cáliz está formado por dos cuencos grecorromanos, que fueron mandados unir y revestir de oro y piedras preciosas por doña Urraca, la hija del rey Fernando citado arriba. El Grial sólo sería el cuenco superior, sin el oro y las joyas que incrustaron los orfebres leoneses.

Cáliz de doña Urraca
Cáliz de doña Urraca

Ayer lunes 8 de mayo de 2017, mientras daba mis últimos paseos por las calles de León, vi el rodaje de «Onyx, los reyes del grial», un documental que relata cómo fue esta investigación sobre la procedencia del Cáliz de doña Urraca.

Fuentes:

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s