(Di)similitudes entre el «procés» catalán y la independencia eslovena

Mi amigo Marko, hispanoyugoslavo él, me deleita siempre con datos históricos y vivencias suyas o de sus familiares en la antigua Yugoslavia, al tiempo que me mantiene informado de la actualidad política de Serbia y de las relaciones de ésta con el resto de repúblicas de su extinta patria sudeslava. Él tenía 11 años el día que el telediario de su país balcánico emitía las primeras imágenes del despliegue de los tanques del Ejército Popular Yugoslavo por Eslovenia y Croacia, territorios que acababan de proclamarse independientes. Su hermano, unos pocos años más pequeño, le preguntó si se trataba de una noticia del conflicto entre israelíes y palestinos, a lo que Marko le contestó que eso eran imágenes de su propio país. Como con el atentado de Sarajevo contra el Archiduque Francisco Fernando en 1914, el común de los mortales no vio venir ninguna guerra.

Años después de que Marko me contara esto descubrí a Francisco Veiga, un académico español, experto en historia turca y balcánica, que da clase en la Universidad Autónoma de Barcelona. Fue en 2015, año en que me leí sus libros El turco (Debate, 2006) y La fábrica de las fronteras (Alianza Editorial, 2011), a los que dediqué unas cuantas de mis notas; sin embargo, todavía ansío hacerme con la reedición de La trampa balcánica (Grijalbo, 2002).

De La fábrica de las fronteras me llamó la atención el «procés» esloveno hacia la independencia, pues veo en él similitudes, guardando las enormes distancias, claro está, con el atolladero en que se encuentra la política catalana y que tantos años lleva ya aburriéndonos al [aún] resto de españoles.

Hace treinta años la República Federativa Socialista de Yugoslavia funcionaba sin ningún liderazgo político (el mariscal Tito había muerto en 1980 y nadie había heredado ni reunido todo su poder). Así, las instituciones federales se conducían mediante una especie de «piloto automático», consistente en presidencias rotatorias y mecanismos de equilibrio entre las distintas repúblicas integrantes de la Federación. Los discursos exacerbados de cáliz nacionalista y religioso que afloraron en Yugoslavia (y en prácticamente todos los regímenes comunistas que se desmoronaron entre finales de los ochenta y comienzos de los noventa) debilitaron las instituciones federales, quebraron su funcionamiento y bloquearon cualquier reforma del sistema a nivel federal. Partiendo de estas notas distintivas, en lo relativo a la independencia eslovena puede exponerse la siguiente secuencia de acontecimientos:

  • En enero de 1987 un grupo de intelectuales disidentes publica un manifiesto conocido como las Contribuciones al Programa Nacional Esloveno, donde las ideas de democracia e independencia van de la mano. A finales del mismo año una huelga masiva en una fábrica de Liubliana conduce a la creación del primer sindicato independiente de Yugoslavia y de incipientes partidos políticos eslovenos.
  • La detención de varios periodistas eslovenos a finales de mayo de 1988, acusados de revelar secretos militares, desencadena protestas masivas (la Primavera Eslovena) y la formación del Comité para la Defensa de los Derechos Humanos (una organización cívica que llega a tener más de 100.000 miembros).
  • El 27 de septiembre de 1989 el Parlamento esloveno, todavía monopartidista, modifica la Constitución eslovena: declara la preeminencia de ésta sobre la Constitución federal de Yugoslavia así como el derecho inalienable del pueblo esloveno a la autodeterminación, y reconoce el pluralismo político.
  • A lo largo del mes de abril de 1990 tienen lugar las primeras elecciones presidenciales y legislativas de carácter multipartidista en Eslovenia.
  • El 23 de diciembre de 1990 se celebra en Eslovenia un referéndum de independencia, en el que la opción del sí recaba el apoyo del 88,5% de los votantes.
  • El 25 de junio de 1991, anocheciendo, el Parlamento proclama la independencia.
  • Entre el 27 de junio y el 6 de julio de 1991 acontece la Guerra de los Diez Días contra el Ejército Popular de Yugoslavia, en la que no se alcanza el centenar de muertos.
  • El 15 de enero de 1992 la Comunidad Europea y sus Estados miembros reconocen la independencia de Eslovenia.

Me sorprenden los lapsos de tiempo transcurridos entre la ruptura del principio de prevalencia de la Constitución yugoslava y la celebración de un referéndum de autodeterminación al margen de las leyes federales (más de un año), la proclamación de la independencia (medio año más) y el reconocimiento de ésta por los países europeos (otro medio año). ¿Qué preparativos hubo para la independencia? ¿Cómo reaccionaron las autoridades federales? Copio estos extractos de La fábrica de las fronteras:

«Prepararemos todo lo necesario para la protección de la toma efectiva del poder en Eslovenia el 26 de junio de 1991. Si estamos políticamente unidos en esto, el factor más importante ahora, nadie podrá detenernos». Janez Janša, ahora ex Primer Ministro de Eslovenia (rueda de prensa de 10/05/1991).

El 25 de junio de 1991, martes, el Sabor o Parlamento croata proclamó la independencia. […] Esa misma noche, poco antes de las 21 horas, el Parlamento esloveno hizo lo mismo. […] Al menos en el caso esloveno […] la secesión fue preparada concienzudamente y con bastante anticipación. El marco jurídico se remontaba al 27 de septiembre de 1989, cuando el Parlamento esloveno aprobó su nueva Constitución, basada en el modelo bávaro, a partir de la aplicación de una serie de enmiendas. Como resultado, la nueva Constitución eslovena atribuía al estado [esloveno] el derecho a no contribuir en las cargas fiscales colectivas de la Federación yugoslava, e impedía la concurrencia de partidos políticos de ámbito federal a los procesos electorales eslovenos. Pero sobre todo, se rechazaba la preeminencia de las leyes federales sobre las de Eslovenia: eso equivalía a la apertura de una puerta que podía ser cruzada cuando se quisiera.

La fecha de la proclamación unilateral de independencia de Eslovenia era conocida por todos con mucha antelación, y la pieza jurídica clave que había permitido ese escenario era la reforma de la Constitución eslovena. Encuentro los siguientes paralelismos con el escenario político catalán:

  • Dani Cordero, Puigdemont anuncia para el 1 de octubre el referéndum sobre la independencia (El País, 09/06/2017).
  • Borrador de la Ley de Transitoriedad Jurídica de Cataluña (Ara y El Periódico, 04/07/2017):
    • Artículo 3.2. Esta Ley establece un régimen jurídico excepcional dirigido a regular y a garantizar el referéndum de autodeterminación de Cataluña. Prevalece jerárquicamente sobre todas aquellas normas que puedan entrar en conflicto, en tanto que regula el ejercicio de un derecho fundamental e inalienable del pueblo de Cataluña.
    • Artículo 4.4. Si el recuento de los votos válidamente emitidos da como resultado que hay más afirmativos que negativos, [esto] implica la independencia de Cataluña. A tal efecto el Parlamento de Cataluña, dentro de los dos días siguientes a la proclamación de los resultados por parte de la Sindicatura electoral, celebrará una sesión ordinaria para efectuar la declaración formal de la independencia de Cataluña, [determinar] sus efectos y acordar el inicio del proceso constituyente.

De celebrarse el referéndum en Cataluña (como se celebró de facto el del 9 de noviembre de 2014), que venza el sí aun por simple mayoría habría de traer como consecuencia la proclamación unilateral de independencia pocos días después del 1 de octubre. También para el referéndum de autodeterminación de 1990 el Parlamento esloveno sólo exigió el apoyo de la mitad más uno de los votos. ¿Pero qué decían las autoridades federales? Sigo con el texto extraído de La fábrica de las fronteras:

Una secesión meticulosamente preparada

Ante esa iniciativa, el Estado federal yugoslavo no logró articular ninguna respuesta, ni política ni jurídica. Ivan Kristan, un magistrado esloveno que, en virtud del turno rotatorio, presidía por entonces el Tribunal Constitucional federal, alegó que la nueva Constitución eslovena aún no había sido aprobada, y por lo tanto no había posibilidad de pronunciarse sobre algo que no existía. Lo sorprendente fue que una buena parte de los magistrados estuvieron de acuerdo con él: en esos momentos de incertidumbre, la tendencia general en la administración federal era a no comprometerse. […]

A pesar de ello, los eslovenos no cruzaron inmediatamente la puerta hacia la secesión que ellos mismos habían abierto: aún tardaron casi dos años en hacerlo. En ese tiempo fueron preparando esmeradamente las leyes y disposiciones de que se dotaría la Eslovenia independiente.

Inmediatamente me vienen a la mente las llamadas «estructuras de Estado» (figuras embrionarias de una futura administración tributaria, seguridad social, banco central, cuerpo diplomático…) de las que ha ido dotándose Cataluña estos últimos años a través de leyes de desconexión del Parlament, todas ellas impugnadas ante el Tribunal Constitucional. Éste ya se ha pronunciado sobre muchas de ellas, anulando algunos artículos y aceptando la constitucionalidad de otros siempre que se interpreten de una determinada manera. ¡Ja!

Pero sobre todo dedicaron importantes esfuerzos a armarse contra su principal enemigo: el Ejército Popular Yugoslavo. […]

[S]e lanzaron a comprar armas en los bazares internacionales. Así fue como se hicieron, entre otros, con anticarros portátiles Armbrust, misiles antiaéreos SA-7 Grail y fusiles de asalto y apoyo SAR 80 o Ultimax 100.

Una parte de esas armas, tales como partidas de fusiles de asalto, procedían de los antiguos aliados del Bloque oriental […]. Pero otras habían sido obtenidas de Singapur. Los anticarros Armbrust, diseñados en la República Federal de Alemania por Messerschmitt-Bölkow-Blohm (MBB), se fabricaban bajo licencia en la lejana ciudad-estado asiática; los fusiles de asalto SAR 80, así como las ametralladoras de sección Ultimax 100, también procedían de allí: SAR son las siglas de Singapore Assault Rifle; ambas armas habían sido fabricadas por Chartered Industries of Singapore.

La compra de ese material tenía dos objetivos. El primero y más evidente era el de conseguir armas anticarro eficaces y modernas para batir a los carros de combate del Ejército Popular Yugoslavo, y ese era el papel de los Armbrust. Pero, además, existía una clara intencionalidad desafiante. En diciembre de 1990, poco antes de que se convocara el referéndum para la secesión […], la televisión eslovena emitió imágenes de un ejercicio protagonizado por soldados de las nacientes fuerzas especiales eslovenas, utilizando sus Armbrust  recién adquiridos contra un viejo tanque […]. No era ningún secreto lo que estaba sucediendo.

Según el Instituto de Estadística de Cataluña, el número de efectivos policiales (Mossos d’Esquadra) de que disponía la Generalitat catalana en 2016 era superior a 16.700. Dicho esto, el pasado 18 de julio, aniversario de la sublevación de 1936, El País ocupaba su portada con este titular sensacionalista: «Los separatistas se hacen con el pleno control de la policía.»

Mossos
Mossos d’Esquadra custodiados por la Guardia Civil tras la disolución de la Generalitat en octubre de 1934.

La «Guerra de los Diez Días» que se resolvió en seis

Todo estaba a punto para lo que tenía que suceder. El gobierno esloveno incluso adelantó en veinticuatro horas la proclamación de independencia, en un intento de ganar un poco más de tiempo en el enfrentamiento que se iba a producir, descolocando al gobierno y al Ejército federales, que tenían una respuesta preparada para el 26, fecha prevista inicialmente para la secesión.

Si le hicieran esa misma jugarreta a Mariano Rajoy, a saber si lo pillarían en su retiro gallego haciendo footing.

Lo que copio a continuación ya no sirve para establecer paralelismos con el procés catalán, pero qué duda cabe de que al lector no le costará recrear en su mente un escenario español similar si realmente los dirigentes catalanes están dispuestos a llegar hasta las últimas consecuencias. Tras la última remodelación del gobierno catalán y la salida de los consellers más moderados, me parece que esta vez los políticos independentistas están más dispuestos que nunca a «sacrificarse» y convertirse en mártires de su propio relato.

Por ello, sólo a las cuarenta y ocho horas de la proclamación de independencia, los primeros blindados del Ejército federal yugoslavo salieron de sus cuarteles en Eslovenia o Croacia y comenzaron a desplegarse por el territorio de la república. La controversia sobre el origen de la operación militar no se llegó a aclarar. Se sabe que entre los generales y mandos del Ejército federal unos eran partidarios de realizar una simple demostración de fuerza […], mientras que los halcones deseaban una operación de castigo y conquista en toda regla […]. Se impuso la opción moderada, porque daba un mayor margen político y diplomático para la solución de la crisis con un mínimo costo en vidas humanas. Además, políticamente no era admisible como idea yugoslavista, al menos en esos momentos, la imagen de que la federación permanecería unida gracias a los tanques. Los militares preferían creer que la mayoría de los eslovenos estaban secuestrados por un puñado de nacionalistas que se darían a la fuga en cuanto alguien les plantara cara. Los generales estaban tan confiados, que comunicaron el recorrido de las tropas a las autoridades eslovenas con antelación, para minimizar los problemas que causarían los desplazamientos de material pesado. […]

Este planteamiento, en el que las consideraciones militares quedaban ampliamente supeditadas a las políticas, iba a ser una constante a lo largo de las Guerras de Secesión yugoslavas, que pocas veces vieron operaciones estratégicas e incluso tácticas innovadoras o ideadas con imaginación. Para desgracia de los militares yugoslavos, sus adversarios, que no estaban en absoluto intimidados, no pensaban entrar en ese juego, sino explotarlo a su favor.

Las largas columnas de carros de combate y vehículos blindados que desplegó el Ejército federal por las carreteras eslovenas tenían básicamente dos objetivos. Uno, como se ha dicho, era el de intimidad a los separatistas eslovenos. Además, deberían recuperar el control de las aduanas, incluyendo el puerto de Koper y el aeropuerto internacional de Brnik. Eran las que constituían la fuente de ingresos arancelarios más importante para el maltrecho Tesoro Federal: el 40% del total que entraba por las fronteras de toda Yugoslavia. […]

Sin embargo, el espectáculo de las columnas de blindados y camiones, a lo largo y ancho de las carreteras eslovenas, parecía más un mero desplazamiento de tropas que un despliegue ofensivo. Por otra parte, los blindados actuaban a veces sin el apoyo de la infantería ni de los medios logísticos de reabastecimiento.

La imagen de un furioso Goliat intentando aplastar a un indefenso David fue una mera operación mediática: sumando la totalidad de los efectivos del Ejército federal en Eslovenia se alcanzaba la cifra de 35.000 soldados. Ahora bien, las fuerzas federales no actuaron todas al mismo tiempo, sino que fueron entrando en territorio esloveno (y siendo anuladas por el adversario) en días sucesivos. […] Frente a ellos, los eslovenos pusieron en liza a 26.000 hombres, bastante bien preparados, adecuadamente encuadrados, muy motivados, y con un plan operativo consistente. Es cierto que apenas disponían de armamento pesado ni de aviación, pero eso desempeñó un papel muy secundario en los enfrentamientos de aquellos días, puesto que los mandos militares federales no se atrevieron a utilizar ni artillería ni aviación: las consideraciones políticas evitaron que en Eslovenia prendiera una guerra real, con su secuela de destrucciones masivas y aplastamiento del adversario por todos los medios. De hecho, los militares tampoco fueron a detener o anular a las nuevas autoridades de Liubliana. Dicho de otra forma, el Ejército Popular Yugoslavo contuvo el recurso a su poder en Eslovenia […].

La enérgica respuesta de las recién nacidas fuerzas armadas eslovenas cogió por sorpresa a los militares. Policías, unidades especiales y ex miembros de la TO (muchas veces con ayuda de la población civil) obstaculizaron las carreteras con barricadas de camiones y destruyeron en emboscadas un buen número de tanques. Las tácticas de los eslovenos eran las mismas que habían aprendido durante años en la TO yugoslava […].

TO significa «Defensa Territorial» y era una especie de guerrilla local, complementaria al ejército federal, que cada república gestionó hasta 1990 como sistema descentralizado de resistencia contra una hipotética invasión soviética.

[F]ueron los eslovenos quienes escogieron el momento de convertir el pulso de fuerza en un enfrentamiento real. Michael Mayer, veterano corresponsal de la revista Newsweek, escribió por entonces, a pie de los acontecimientos, que Eslovenia «no sólo disparó primero, sino que coreografió la violencia en orden a dramatizar su situación» y lograr el apoyo internacional para Liubliana. Así, la primera baja de la guerra en Eslovenia fue un piloto esloveno del Ejército federal, cuyo helicóptero fue derribado el 27 de julio por efectivos eslovenos sobre el centro de Liubliana. Mayer dijo, ya entonces, que existía un plan coordinado por los ministros eslovenos de Defensa (Janez Janša) e Interior (Igor Bavčar) para generar una situación de tensión bélica controlada que provocara alguna forma de intervención internacional a favor de los eslovenos. […]

El espanto que causó a los europeos ver en sus televisiones escenas de combates y tanques ardiendo a pocos metros de las fronteras italiana o austriaca […] fue un factor decisivo, perfectamente previsto por el gobierno de Liubliana. Pero los beneficios de esa situación estuvieron a punto de ser más escasos de lo esperado ante el derrumbe de la capacidad de combate del Ejército Popular Yugoslavo. Ya desde el primer día, varias unidades quedaron aisladas y se produjo un importante volumen de rendiciones y deserciones. Los reclutas, que eran de leva, procedían de todas las repúblicas y muchos de ellos eran originarios de zonas donde también existía un alto grado de conflictividad nacionalista con la federación […]. Esos soldados no estaban en absoluto motivados para ver a los eslovenos como enemigos a quienes debían matar. Y por si faltara algo, los mandos yugoslavos carecían de planes estratégicos e incluso tácticos, por no hablar de salidas alternativas.

Me pregunto cuántos catalanes, valencianos, mallorquines o vascos forman parte de las Fuerzas Armadas ahora mismo. Por supuesto, vincularte a un ejército profesionalizado debe de denotar tu patriotismo. Pero también Macià era coronel del ejército español y aun así acabó proclamando la independencia de Cataluña en 1931.

[A] partir del cuarto día [los efectivos del ejército federal] comenzaron a perder terreno con gran rapidez y a sufrir vergonzosas derrotas […]. El 1 de julio […] el mismo general Kadijević pidió permiso para poner en marcha un asalto sobre Eslovenia en toda regla […]. Sin embargo, el gobierno federal se negó a dar luz verde […]. Sin respaldo político, los militares tiraron la toalla. […]

Las bajas fueron más que moderadas. El Ejército federal tuvo 44 muertos y 146 heridos. Las fuerzas eslovenas sufrieron 18 muertos y 182 heridos. También se produjeron algunas bajas civiles, pero pocas: algún que otro periodista y, sobre todo, camioneros […] cuyos vehículos fueron utilizados por los eslovenos para bloquear las columnas federales en las carreteras. Las destrucciones de bienes particulares e infraestructuras fueron escasas, debido al carácter contenido de los combates.

El modelo esloveno de guerra yugoslava

El alto mando esloveno no sólo planeó con antelación y detalle la fase armada del proceso soberanista: también preparó con cuidado la campaña de relaciones públicas internacionales que desplegó durante los combates. Por supuesto, estaba enfocada a conseguir el necesario apoyo diplomático internacional para respaldar la autoproclamación de independencia. […]

Cabe decir que la insistencia por mostrarse como europeos frente a una Yugoslavia peyorativamente balcánica fue una obsesión en aquellos días, constatable en las banderas de la Comunidad Europea desplegadas junto a las eslovenas o la profusión de eslóganes visibles en graffitis, pegatinas o artículos de prensa, algunos más provincianos que ingenuos. […]

Así que los eslovenos desarrollaron una serie de pautas que, en mayor o menor medida, fueron aplicadas por el resto de los bandos secesionistas. Una de ellas fue el recurso a compañías de publicidad y relaciones públicas occidentales. […]Por lo tanto, el gobierno de Liubliana creó un gabinete de prensa y relaciones públicas, encargado de transmitir una determinada imagen de la guerra, destinada a los medios occidentales. […]

Otro recurso propagandístico utilizado con éxito por la propaganda eslovena fue la tergiversada imagen de que la guerra enfrentaba a una democracia de tipo occidental contra una dictadura comunista […].

Pero el objetivo final de las campañas de prensa, de la propaganda de guerra e incluso del interés en trabar combate en la misma línea fronteriza con Italia, era el de provocar alguna forma de intervención internacional que volcara la situación a favor de los independentistas eslovenos. […]

PLEBISCIT REZULTATI
Sesión del Parlamento esloveno: lectura de los resultados del referéndum de autodeterminación celebrado el 23 de diciembre de 1990.

No pretendo ser alarmista, pero mucho me temo que, antes o después, mi amigo Marko va a vivir también el desmembramiento de su segunda patria. La dinámica de los acontecimientos, las tendencias y los tiempos locos que vivimos últimamente me llevan a pensar que tal desenlace es muy plausible.

Otro antecedente interesante, pero más alejado en el tiempo y que todavía no he mirado a fondo, fue la independencia unilateral de los noruegos en 1905. Parece ser que sólo una huelga general de los trabajadores suecos, en solidaridad con sus camaradas noruegos, impidió que el gobierno sueco ejecutara la ocupación militar de Noruega. Así lo resume Fatimah Hameed en este artículo: 1905: Swedish workers threaten general strike against war with Norway (LIBCOM, 22/02/2013).

 

ADDENDVM

He encontrado más parecidos razonables leyendo A Legal Geography of Yugoslavia’s Disintegration, de Ana S. Trbovich:

La preservación del orden constitucional

In the reasoning of the [SFRY Constitutional] Court, the process relating to the application of “the right to self-determination, including secession” affected not only Slovenia but all parts of Yugoslavia […]. In the opinion of the Court, the Slovene people could not act unilaterally but only in agreement with all Yugoslav nations and republics.

[T]he Court […] when adjudicating the constitutionality of certain provisions of the Law on Plebiscite on Sovereignty and Independence of the Republic of Slovenia: “The Assembly of the Republic of Slovenia cannot adopt acts and undertake measures… that lead to independence and dissociation of the Republic of Slovenia from [the SFRY] until the SFRY Constitution is amended, pursuant to the procedure determined therein […]”.

La región más desarrollada

The Slovenes also benefited from the westward move of industry by Tito in the post-World War II period, which, combined with generally hardworking and entrepreneurial propulation […] and proximity to Western markets, resulted in stronger economic growth compared to other parts of Yugoslavia.

Una minoría nacional ante un Estado irreformable

[T]he main argument against Yugoslavia… was that the Slovenes, as a small people in a system operating on majority voting principles, were fated to be a perpetual minority. As such they did not have any chance of realizing their national political ideas and pursuing their interests.

Boicot a los productos…

The Serbian government (veiled in the Socialist Alliance of Working People, an organization of the Serbian Communist party) in turn responded with economic measures, calling for a boycott of Slovene goods in Serbia.

La Comunidad Internacional no reconocerá una declaración unilateral de independencia

On June 19, 1991 [few days before Slovenia proclaimed independence], the Conference on Security and Cooperation in Europe […] adopted a declaration in support of “democratic development, unity and territorial integrity of Yugoslavia”, noting that “it is only for the peoples of Yugoslavia themselves to decide on the country’s future” but that “the existing constitutional disputes should be remedied… without recourse to the use of force” […]. The U.S. Secretary of State, James A. Baker III endorsed this declaration during his visit to Belgrade on June 21, 1991, but he also added that the United States would not accept the use of force as a legitimate means of preserving Yugoslavia.

 

FUENTES

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