Imperio y colonialismo español a debate

Llevo años interesado por el surgimiento de los sentimientos nacionales. He leído libros como La creación de las identidades nacionales, de Anne-Marie Thiesse, o Naciones y nacionalismo desde 1780, de Eric Hobsbawm. Además, soy un enamorado de los Balcanes y de la historia otomana, escenarios destacados por el popurrí de sus gentes.

Por otro lado, al socaire de los debates en torno a la Leyenda Negra, en los últimos años me he familiarizado con las tesis de Gustavo Bueno sobre la idea de España y su «ortograma» imperial. Y cada 12 de octubre, fiesta nacional de España, he escrito alguna cosa relacionada con esa efeméride ─un ejemplo aquí─.

Todo el cóctel de referencias y conocimientos que haya podido extraer de todo lo anterior hace que haya gozado como un enano leyendo esta enriquecedora discusión académica que han mantenido por Facebook un amigo mío y un contacto suyo ─los dos son historiadores─; me ha deleitado tanto que, con el permiso de los dos, he copiado todas las intervenciones y las he reunido en esta nota, pues no quiero que queden olvidadas e inaccesibles. He realizado pequeñísimas correcciones de puntuación y añadido algunas cosas entre corchetes para facilitar la lectura. Que lo disfrutéis:

Alejandro Salamanca empieza así:

El Imperio español no acabó en 1898, sino en 1976.

Hace 50 años España concedía la independencia a Guinea Ecuatorial y dejaba el país en manos de una familia que lo ha gobernado desde entonces como un cortijo privado.

Hace menos de 100 años España empleaba de forma sistemática armas químicas contra la población civil en el Rif, y solo se marchaba de la región en 1956, dejando un legado… cuestionable.

Hace poco más 40 años España se largaba del Sáhara Occidental sin asumir sus responsabilidades como potencia colonizadora y dejando a la población local en un limbo legal y a merced de los invasores marroquíes, que desde entonces les han segregado y machacado y han construido un muro para que no puedan pisar sus tierras.

Mucho hablar de Leyenda Negra y Leyenda Rosa y Descubrimiento / Conquista / Colonización de América, pero muy pocos, por no decir nadie, se acuerdan de nuestros tres últimos proyectos coloniales. A pesar de que todavía quedan vivos soldados y administradores coloniales, así como víctimas de la ocupación y colaboracionistas.

Este es el Imperio del que deberíamos hablar. Uno que se acabó prácticamente ayer, cuando ya teníamos la noción de derechos humanos y hasta un sistema pseudodemocrático (la Restauración). Debatir sobre Cortés y la Malinche está bien, pero no veo el mismo tipo de crítica o reflexión sobre Guinea, el Sáhara, Ifni o el Rif.

¿Dónde están los del «imperio generador» cuando se trata de analizar el colonialismo en Guinea? ¿Dónde están los del “nada que celebrar” para apoyar a la disidencia rifeña y a los solicitantes de asilo que huyen de la represión marroquí?

No, es más fácil teorizar sobre la supuesta responsabilidad de España en América, a pesar de que España como Estado moderno solo existe desde 1715.

No sé si España está llena de hipócritas o de ignorantes. Quizá las dos.

Y José María Ortega interviene por primera vez:

Alejandro, mezclar la Monarquía Hispánica con la independencia de Cuba y con las colonias del Estado-nación España es, al menos, incorrecto.

En lo sucesivo José María estructura el debate en tres bloques, que yo titulo. Dentro de cada uno de ellos tienen lugar sus intervenciones y las réplicas de Alejandro. Finalmente, José María realiza un último comentario a modo de síntesis de todo lo que ha dicho.

BLOQUE I. ¿«IMPERIO GENERADOR»?

José María Ortega:

Primero.- De 1492 hasta [los años] 1820, lo que hoy es España es solo una parte ─ni siquiera la principal, al menos en términos económicos─, de un Estado, que es la Monarquía hispánica, que sí, es un caso ─típico─, de imperio generador (terminología de Bueno), como lo fue Roma. Es decir, Nueva España o Perú no eran colonias de «España» sino partes de un Estado de Antiguo Régimen.

Alejandro Salamanca:

Nadie salvo Gustavo Bueno utiliza esa terminología de «imperios generadores». Porque es absurda y no se sostiene en términos historiográficos.

Por otro lado, jurídicamente Nueva España y Perú eran parte de la Corona de Castilla, sí, pero no entiendo por qué no se pueden analizar como colonias. Al fin y al cabo, Castilla invade y somete a las élites locales y las reemplaza por otras, a la vez que trata de maximizar los beneficios obtenidos (otorgando concesiones para la explotación minera, reapropiándose de la mita y estableciendo la encomienda). Y además, la población local (amerindia) ocupó un status subordinado respecto a los peninsulares.

Se puede maquillar con palabras y puntualizaciones jurídicas, pero la realidad es que aunque los territorios conquistados sean parte integral de la Monarquía Hispánica, los nativos se convierten en sujetos de segunda clase, como menores de edad. La construcción de hospitales y universidades (para disfrute, principalmente, de peninsulares y criollos) no entra en contradicción con este hecho. Del mismo modo, por mucho que las leyes lo prohibieran, la esclavitud en la América española fue una constante.

¿Roma fue un imperio generador? Que se lo digan a los millones de esclavos que roturaban las tierras de Europa Occidental para los terratenientes romanos.

José María Ortega:

Sin ánimo de polemizar. No es absurda. Diferencia realidades diferentes, Roma, al igual que el Imperio Austro-Húngaro, el Imperio persa o la URSS, son modelos de expansión muy diferentes a un imperio colonial del siglo XIX. Comparar el status del Congo Belga en relación a Bélgica, con el de Nueva España en relación al conjunto de la Monarquía, es una estupidez.

Alejandro Salamanca:

Entiendo la necesidad de matizar y no meter a todos los imperios en el mismo saco, lo que no me gusta de Bueno y Roca Barea es que intentan aplicar criterios morales a esta distinción.

Ni los Estados-nación son necesariamente «mejores» que los imperios, ni el Imperio español fue «mejor» que el británico. Son experiencias distintas. En mi opinión, la distinción entre «generadores» y «depredadores» tiene más que ver con la ideología y las filias y fobias de los que asignan estas etiquetas que con una realidad histórica.

José María Ortega:

En realidad no. Sin ánimo de polemizar, lo que escribes sobre la América española es muy matizable, y es una visión bastante simplista (con todos los respetos), pero como comprenderás, no es momento de hablar en profundidad de ello. Sí hacerte una observación, cuando hablamos de belgas en el Congo, hablamos de una población que está y se va, es decir, lo que se entiende por colonos; [en cambio,] cuando hablamos de españoles en Nueva España, estamos hablando de una categoría que incluye a buena parte de la población (en 1810, un tercio), donde la mayoría eran mestizos, algunos de sangre negra (como Nicolás del Puerto o Morelos), y desde luego, se sentían en su tierra. Cuando se independiza el Congo, de esos belgas no queda ni uno; en el caso novohispano, son esos españoles americanos los que dirigen la insurgencia y el nuevo Estado.

Alejandro Salamanca:

Hombre, igualita una relación de 4 siglos que una brutal campaña de conquista y explotación en un territorio que ni siquiera era belga sino que era propiedad privada del rey.

Insisto en que no son categorías útiles para los historiadores, sino más bien una división maniquea para separar buenos y malos.

El Imperio británico en India, ¿fue depredador o generador? ¿Y en las 13 colonias? ¿Los franceses fueron depredadores o generadores en Indochina, Québec y África Occidental? ¿El Imperio otomano fue depredador? ¿Y el de Alejandro Magno depredador?

José María Ortega:

Dicho eso, en el siglo XVI la Iglesia y la Corona tenían límites morales que en el siglo XIX el Estado mexicano no tendrá. La Ilustración, por ejemplo, es el inicio del racismo moderno, lo cual implica que determinadas poblaciones se entienden no asimilables. Un Imperio puede asumir a todas las poblaciones y la Iglesia católica puede asumir a todas las personas, pero un Estado-nación no. Quizás la guerra apache es la mejor muestra, hasta el siglo XIX, los apaches fueron «seducidos» con la fuerza y la diplomacia para entrar en el Imperio, el Estado nación mexicano decidió que no, que eran «infrahombres», y entre 1830 y 1880 el Estado de Sonora pagó por cabellera, de mujer, hombre y niño. No hay una sola norma en todo el periodo virreinal que sea semejante, es más, si un virrey hubiera dictado tal cosa, hubiera sido juzgado y excomulgado.

Alejandro Salamanca:

Añadiendo a lo que dices, el verdadero genocidio en América se produce durante el siglo XIX (los argentinos cazando onas en la Patagonia). Es precisamente el Estado-nación lo que, en mi opinión, hace necesaria la necesidad de uniformizar y homogeneizar a la población en términos etnico-lingüísticos.

La Monarquía católica, no obstante, se ve ideológicamente obligada a forzar la evangelización y conversión de sus súbditos.

Yo añado que los chilenos también cazaron a onas. Y destaco en negrita esa afirmación del Estado-nación, pues la comparto y me parece muy importante.

José María Ortega:

No solo la emergencia del Estado-nación, también la emergencia de determinadas ideologías. Por ello, un Imperio como el Hispánico poco tiene que ver con uno colonial como el belga. El caso británico es muy bueno. En realidad el Imperio británico comienza al perder las Trece Colonias, si tomamos la India, donde aguantó más de un siglo, vemos cómo es un Imperio depredador, en relación a un generador. Desde luego, los británicos respetaron religiones (solo se opusieron a algunas prácticas) e incluso gobernantes (si no daban guerra), su único objetivo era conservar un territorio amplio para exprimirlo. El periodo británico fue nefasto, la India fue exprimida, y especialmente con normas relativas a la producción de sus tejidos, y a la exportación (algo similar a lo que obligaron a firmar los británicos a los egipcios en el mismo siglo, como bien sabes), esto produjo una reducción de su calidad de vida y hambrunas (algunas provocadas, como la de 1942-1943 en Bengala). Un Imperio generador, busca crear réplicas de sí mismo, lo cual evidentemente implica “convertir” a esos habitantes, la URSS evidentemente obligó a ser comunistas a todos los habitantes de la URSS, desde luego, la mayoría rusa (aunque no lo fueran, como Stalin) impuso rasgos rusos (como la lengua), pero desde luego, y al margen de los resultados, la idea de la URSS, no era la de un estado-nación ruso que exprimiera a territorios (colonias). Por tanto, me da igual el nombre; el de Bueno, creo que es bueno, pero hay que diferenciar. Dicho esto, el de Alejandro fue el primer gran imperio generador.

Alejandro Salamanca:

¿Por qué el imperio de Alejandro fue generador? Sometió militarmente muchos territorios y usurpó el trono persa; Alejandro no impuso el griego ni la religión griega y su imperio se disgregó a su muerte.

En ese sentido, el imperio mongol también sería generador.

José María Ortega:

Por concluir. Dos cosas, en principio, el de Alejandro es el generador por antonomasia, no tanto por lo que hace Alejandro, que vivió solo 33 años, sino por lo que hacen sus sucesores, que son los que crean el imperio de Alejandro, en realidad, que sí imponen el helenismo, de hecho, hasta viene en la Biblia (los Macabeos). En cuanto al mongol, aquí tenemos una cultura muy pobre en relación a las que conquista (China, por ejemplo), y con pocas personas. Es incapaz de generar nada, salvo un control militar, y se diluye en las sociedades que conquista.

Alejandro Salamanca:

Pero la Pax Mongolica permite el desarrollo cultural y económico y el contacto entre los territorios sometidos de una forma insólita. (Claro que previamente hay una destrucción inédita también)

¿No es eso generador, en cierto modo?

José María Ortega:

Sí, desde ese punto de vista sí, pero no logró generar nada ─helenismo, latinidad, hispanidad…─, lo que es explicable porque el motor del imperio era muy débil cultural y humanamente. Un abrazo.

BLOQUE II. «COLONIA»

José María Ortega:

Segundo.- El caso de Cuba es complejo. En principio, la crisis de 1898 afecta a más territorios, Cuba, Puerto Rico, Filipinas y Guam, más las islas de Pacífico que serán vendidas a Alemania. En el caso concreto de Cuba en 1898 se puso fin a una guerra civil, donde, por cierto, los independentistas no eran la mayoría de la población. En 1897 Cuba obtuvo una carta autonómica (un estatuto de autonomía) y en 1898 en las elecciones, triunfaron ampliamente los candidatos no independentistas, sino autonomistas. En definitiva, los independentistas, solo pudieron ganar con el apoyo de EEUU, y una vez en el poder, como no podía ser menos, se vieron como la encarnación de la Nación, declarando a cubanos no autonomistas y autonomistas (como Gálvez, el ganador de las elecciones). En Puerto Rico, no existía un movimiento independentista, y fue una mera conquista militar estadounidense. Sin la intervención de 1898, hoy es probable que Cuba y seguro Puerto Rico, siguieran formando parte de España, como Canarias, o como Azores lo es de Portugal, y St. Pierre y Miquelon, de Francia.

Alejandro Salamanca:

¿No hubo régimen de plantación en Cuba? ¿No hubo comerciantes negreros catalanes amasando fortunas? La situación jurídica de la isla no entra en contradicción con que, económicamente, fuera una colonia.

José María Ortega:

¿Y qué? plantaciones y esclavitud también hubo, por ejemplo, en el sur de EEUU. ¿Eso convierte a Alabama en una colonia? ¿De quién? En realidad las capas más ricas (cubanos) de Cuba, son las que mantendrán las demandas independentistas, que existían ya a principios del siglo XIX (de hecho, los insurgentes de Nueva España consideraban a Cuba como parte de su Estado). Si no se materializó fue porque el nuevo Estado no permitiría la esclavitud, y si España como Estado-nación, no abolió la esclavitud antes, fue porque deseaba no fomentar el independentismo cubano. A finales del siglo XIX, el independentismo adquiere un “color” popular, que nunca había tenido. Aún así, en 1898, el independentismo era minoritario, de hecho, el Partido Autonomista, y similares, ganó las elecciones con cerca de un 80% de votos.

Alejandro Salamanca:

El sur de EEUU tenía una economía colonial basada en la exportación de materia prima barata y obra de mano esclava (o semiesclava). Depende del comercio mundial para subsistir.

Creo que diferimos porque tú prestas atención a la relación jurídico-política entre la metrópoli y el territorio periférico y yo me fijo en la relación económica y cambios sociales que produce el imperio en el territorio sometido.

Un Imperio es, por definición, multinacional (y multicultural). Las posibles jerarquías étnicas y o la posible relación de igualdad entre los sujetos del imperio quedan fuera de la definición.

De lo destacado en negrita, diría más bien que José María describe relaciones territoriales, y Alejandro se centra en relaciones de clase social. Sería como si hoy, para definir las relaciones internacionales, unos se limitaran al análisis de los Estados y las organizaciones internacionales, y otros se centraran en los grupos financieros y los flujos de capital. Las siguientes intervenciones parecen confirmar lo que acabo de señalar.

José María Ortega:

Con tus argumentos partes de Andalucía, por ejemplo, serían colonias de… ¿Cataluña?; y parte de Castilla, ¿de Vascongadas? Zonas pobres, que dan materias primas; la primera la mano de obra.

Alejandro Salamanca:

Hay extremeños que en la actualidad definen que su tierra es una colonia. Pero no van por ahí los tiros.

Creo que podemos distinguir tres formas en la que la relación entre dos territorios es colonial.
– La primera, más obvia, política.
– La segunda, más sutil, económica.
– La tercera, debatible, ideológica.

¿Cómo encaja el sur de EEUU en todo esto? Si cambiamos la ecuación y en lugar de territorios, consideramos la relación entre comunidades políticas (o grupos de gente, por decirlo más llanamente).

Así, en la Sudáfrica del apartheid, los negros estaban sometidos a los blancos; en Israel los ciudadanos árabes ocupan una posición subordinada (y los palestinos mucho más); en el Sáhara los marroquíes niegan sus derechos políticos y civiles a los saharauis y en el Sur de EEUU, la población negra esclava se encontraba sometida a los terratenientes blancos, situación que continuó tras la abolición de la esclavitud con las leyes de Jim Crow.

Lo destacado en negrita, que viene a ser la pretensión de «desterritorializar» el concepto de colonia, me recuerda la idea de nación cultural que defendían los austromarxistas, al margen del territorio; o a la Constitución del millet armenio de 1863  ─Nizâmnâme-i Millet-i Ermeniyân en turco otomano─, donde la autonomía de los armenios estaba desligada por completo del territorio.

Alejandro Salamanca:

Por cierto, este debate me parece muy divertido y enriquecedor, gracias por participar, Jose María.

José María Ortega:

De nada. 🙂 Creo que entramos en honduras que merecen más tiempo del que ahora dispongo. Y como siempre, es un placer intercambiar letras contigo. Un abrazo.

BLOQUE III. «RACISMO»

José María Ortega:

Tercero.- [En] el caso de Rif, Sáhara y Guinea, [estos] sí son colonias. El Estado-nación España se sumó al colonialismo del siglo XIX. No podemos hablar de un imperio generador, sino de un estado colonial, como el belga o el alemán. Los tres fueron territorios, que no se querían asimilar ─y desde luego, a nadie se le pasó por la cabeza incluir a la nobleza guineana dentro de la española─, y donde era clara la diferencia entre una nación-metrópoli y sus colonias. La actuación española se vio influenciada por las ideas del momento, basadas en la superioridad más que occidental, blanca. Aún así, si comparamos la actuación de España en los tres territorios con otros poderes de la época, el balance es bueno. Desde luego, no existió en Guinea un racismo tan elevado como el que existió, por ejemplo, en Kenia británica; ni una política de exterminio, como la de Alemania en Namibia; y aunque la familia Obiang es mejorable, Guinea no ha terminado siendo un Estado de pesadilla, como lo es el Congo Belga. Es más, Guinea española, y ello a pesar de Macías, tiene hoy condiciones de vida bastante buenas en comparación con los países de alrededor (económicas y de paz interna); incomprensiblemente Obiang, que siempre ha mostrado un cariño por España bastante grande, es tratado con una dureza que a nadie se le ocurre para describir a tiranos como la familia Castro o ciertas familias árabes. En cuanto al RIF, la descolonización fue bastante pacífica (con tensiones) dado el carácter islamófilo de Franco y su régimen (como trato en el artículo Los orígenes del islam en España I); y [en relación con] el caso del Sahara, los hay peores (Palestina, India), y [aquél] se dio en circunstancias que permitían pocas opciones.

Alejandro Salamanca:

No se trata de decir que el imperio español fue el peor y más cruel (o el mejor y más benevolente), sino de que se recuerde y se reflexione críticamente sobre el papel de España en África. No se hace hoy por hoy.

Teniendo en cuenta que las colonias españolas eran las más pequeñas de África y que la situación económica y militar del país no permitía una intervención más contundente, parece lógico que el legado español no sea equiparable al francés, británico o portugués.

José María Ortega:

No se trata de tamaño, sino de ideología. El legado francés es mucho más positivo que el alemán, y el Imperio francés colonial fue mucho más grande que el alemán; se trata de la ideología que subyace. El Estado francés y la nación francesa no hubiera aceptado un exterminio planificado como el que hizo Alemania en Namibia. La prensa alemana recogió con alegría el exterminio de los habitantes de Namibia (donde participó el papá de Goering), cosa que la prensa francesa jamás hubiera hecho. El racismo germánico, donde algo de ver, desde luego, tiene la Reforma y sus iglesias nacionales, construyó una sociedad mucho más tolerante hacia estos “excesos”. España no, entre otras cosas porque nunca el racismo se asentó. Valga un ejemplo: en [los años] 1950 se casó con una blanca la estrella del momento, el cubano Antonio Machín; algo que la prensa de la época no criticó ─nadie lo hizo─; en ese año, tal unión en EEUU estaría prohibida en gran parte del país. No es tamaño, es ideología.

Conozco más o menos las tesis de Gustavo Bueno; José María las sigue a pies juntillas, pero admiro su elocuencia pese a ser un texto improvisado sobre la marcha en una discusión de Facebook.

Alejandro Salamanca:

El imperialismo francés y su «misión civilizadora» no tenían el carácter supremacista de los alemanes. Creo que esto tiene que ver con que el nacionalismo francés es cívico y el alemán está basado en el «pueblo» (completamente en desacuerdo con culpar a la Reforma del racismo alemán).

Pero no olvidemos que tras la revolución de 1789 los propios franceses les niegan a los haitianos los derechos del hombre que se acababan de proclamar. Y que a mediados del siglo XX se justifica y se defiende la brutalidad policial y militar contra la resistencia argelina.

Es un tema complejo este, pues las ideologías imperiales evolucionan y se transforman. La misión evangelizadora española del siglo XVI se convierte en algo muy distinto en el siglo XX. Y quién sabe, tal vez los historiadores de dentro de 200 años conciban los Derechos Humanos y las intervenciones humanitarias como pretextos para intervenir diplomática o militarmente en terceros países.

José María Ortega:

En realidad tal diferencia entre los nacionalismos no es muy útil: todo nacionalismo político termina entrando en lo cultural, y viceversa. No tiene que ver con algo más «profundo». Francia responde, como España, a las modas ideológicas de la época (racismo incluido), pero la respuesta [racista de Francia] es menor (y en España, aún menor); Alemania lo hace de otra manera. Creo que la Reforma sí tiene que ver; no he dicho que sea la “culpable”, pero sí que facilita. La idea de una iglesia nacional derivará en confesiones que tendrán la idea de ser «israel» frente a otros; la confesión es cerrada, no es universal (eso se ve muy bien en el protestantismo de los afrikáner); por otro lado, Lutero despreciaba profundamente al sur de Europa, y la idea del mestizaje, con judíos y moros, que según él era propia de los españoles; no olvides que poco antes de Lutero se encuentra la Germania de Tácito [una obra del año 98 d.C.]. Así pues, sí tiene que ver.

CIERRE

José María Ortega:

La diferencia entre los tres momentos se percibe bien si analizamos cómo terminaron: en el primer caso, la independencia fue el resultado de guerras civiles de una década, y hecha o impulsada por españoles americanos, que en algunos casos expulsaron a los peninsulares (es decir, a los que acababan de llegar); en el segundo, una guerra civil, donde los independentistas eran los menos, y que solo pudieron ganar por la intervención de una potencia extranjera; en el tercero, los habitantes no españoles retomaron las riendas de su territorio, y la administración colonial se fue y [con ella] también la inmensa mayoría de los españoles o sus descendientes (caso de Guinea).

Fin.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s